Programa de Psicología Motivacional
I Fundamentación
El abordaje de la motivación, como concepto, es elaborado a partir de una perspectiva psicoanalítica, psicológica y social.
Sin embargo, si bien la construcción del programa está pensada desde un análisis interdisciplinario, dado que la conducta motivada, excede los límites de lo psicológico, consideramos indispensable que el alumno tenga, para poder realizar dicho análisis, una vectorización de la teoría freudiana, que hasta el momento de cursar esta materia no ha sido abordada en profundidad. Si bien existen en la currícula de la carrera otras asignaturas sobre psicología, la psicología motivacional permite ahondar en todo lo respectivo a la constitución de la personalidad del sujeto, clave para entender su comportamiento en la comunicación y en la conformación de la imagen institucional.
La teoría psicoanalítica ha sido el fundamento para teorizaciones posteriores que permiten abordar al sujeto desde múltiples perspectivas, de allí su necesidad para una lectura interdisciplinaria.
II Objetivos generales
Los objetivos deberán fijarse en concordancia a la delimitación teórica- conceptual realizada, considerando las características de la población a involucrarse en el proceso de aprendizaje.
Como objetivos principales, el alumno podrá realizar una lectura interdisciplinaria de la conducta motivada, atravesada por los conceptos de diversas teorías, tanto para articularlas o para despejar las diferentes variables que determinan dicha conducta.
• Poder aplicar los conceptos teóricos a la realidad de un contexto laboral – institucional
• Analizar una institución articulando las temáticas desarrolladas tanto en las clases teóricas como en las clases prácticas
• Enmarcar la motivación y sus desencadenantes, articulando la dinámica de las motivaciones inconscientes, desde el mundo fantasmático y la realidad externa, tomando como desencadenantes objetos de consumo, incentivos laborales, organización empresarial, imagen institucional, etc.
• Diagnosticar una conducta motivada con elementos de las diferentes corrientes psicológicas
III Unidades Programáticas
Unidad N°1
La motivación dentro del marco de la teoría psicoanalítica
Motivación y deseo.
Realidad psíquica y realidad material. Su articulación y/o complementariedad.
Deseo. Lenguaje. Sexualidad
Filogenia y ontogenia en la estructura del aparato psíquico.
Primera tópica freudiana. Sus instancias. Consciente – preconsciente – insconsciente.
Funciones de cada instancia.
El proceso de la motivación dentro de este sistema.
Modelo del deseo en la estructura freudiana.
Experiencia de satisfacción.
Leyes del proceso primario y secundario.
El objeto del deseo. Su variabilidad y desplazamiento.
Relación libidinal con los objetos
Diferencia entre pulsión e instinto
Relación Sujeto – objeto. Diferentes formas de relación a partir de la representación.
Concepto de instinto. Sus componentes.
Concepto de pulsión. Fuente. Objeto. Meta. Finalidad.
Primer modelo pulsional. Pulsiones de autoconservación. Pulsiones sexuales.
Conflicto psíquico.
El narcisismo y su relación con los objetos
Concepto de narcisismo. Su génesis. Yo ideal – ideal del yo. Libido yoica y libido objetal. Las implicancias de los imaginarios colectivos en la motivación.
Narcisismo e Imagen.
La fantasía como motor de conductas
Concepto de fantasía. Fantasías diurnas y fantasías inconscientes. Su ubicación en el aparato psíquico. Origen y elementos que la conforman. Sus implicancias en la conducta motivada.
Complejo de Edipo
Concepto de falo.
Asimetría del complejo de Edipo.
Sepultura del complejo de Edipo.
Identificación y elección del objeto.
Bibliografía
1.J. Laplanche, J.B. Pontalis, Diccionario de Psicoanálisis. Ed. Labor
Instinto. Deseo. Pulsión. Libido. Experiencia de satisfacción. Representación de palabra. Representación de cosa. Energía libre. Energía ligada. Principio de placer. Principio de realidad. Juicio de condenación. Fantasía. Fantasía diurna. Fantasía inconsciente. Consciente. Preconsciente. Inconsciente. Conflicto psíquico. Narcisismo. Libido yoica. Libido objetal. Elaboración psíquica. Principio de constancia. Identificación abreacción. Complejo de Edipo. Falo. Formación de compromiso o transaccional. Elección de objeto u objetal.
2. Masotta, Oscar. El modelo pulsional. Catálogos Editora. Capítulo I
Lecciones de Introducción al psicoanálisis. Gesida. Puntos I y II
3.Freud, Sigmund. Teoría general de la neurosis. Conferencia XX.
La vida sexual. Biblioteca Nueva.
Introducción al Narcisismo. Capítulos I y II. Biblioteca Nueva.
4.Delgado Suarez, Jennifer, De cómo Freud, su sobrino y una caja de cigarrillos cambiaron el mercado norteamericano, 22/03/2010 (disponible en http://www.rinconpsicologia.com/2010/03/de-como-freud-su-sobrino-y-una-caja-de.html)
5.Franco Chávez, María del Carmen, El Psicoanálisis y el Sujeto en el nuevo siglo, Revista Carta Psicoanalítica Nº 14 “Psicoanálisis y cultura. Cien años con Lévi-Strauss”, Junio de 2009 (disponible en: http://www.cartapsi.org/spip.php?article31&PHPSESSID=4922b0539c05e4524eb62636fff1eebb)
6.Sara Sutton, Ética y Comunicación. Una mirada desde el psicoanálisis. Junio de 2011(disponible en: http://observatoriodeinvestigacion.blogspot.com.ar/2011/06/etica-y-comunicacion-una-mirada-desde.html)
Unidad N°2
Lenguaje. Comunicación. Significante.
La comunicación intersubjetiva. El sujeto del conocimiento. Relación entre significante y significado.
La imagen como lugar de reconocimiento. Juicio de existencia.
Ruptura de la ilusión de la comunicación sin falta. Irrupción del sin sentido
Formaciones del insconsciente.
Síntomas. Actos fallidos. Chistes. Sueños.
Vaciamientos de sentidos.
El lenguaje como vía de comunicación o como expresión del deseo.
El sujeto del psicoanálisis vs. El sujeto racionalista.
Ruptura del paradigma racionalista.
Bibliografía
1.Pasquini Mónica
Ficha de cátedra: Comunicación intersubjetiva y comunicación en falta.
2.Pasquini Mónica
Ficha de cátedra: El sujeto del psicoanálisis.
3.Masotta Oscar. Lecciones de Introducción al psicoanálisis. Gesida. Capítulo III.
4.Wilensky, Alberto. Marketing Estratégico. Parte I. Punto II. La demanda. Punto III. Parte Modelo de segmentación vincular. Parte II. Punto IX. Los fenómenos del consumo. Editorial Tesis, 1998.
5.Javier Callejo, La construcción del consumidor global, Empiria Revista de Metodología de Ciencias Sociales, Número 16 (Julio – Diciembre 2008), UNED España
6.Scheinsohn, Daniel. Comunicación estratégica. Capítulo VII “El asunto público”, Capítulo I “El vínculo institucional”, Ediciones Macchi, 1996.
7.Chaves Norberto. La imagen corporativa. Ediciones Gilli. Capítulo II.
8.Garbett, Thomas. Imagen corporativa. Como crearla y proyectarla. Legis Fondo Editorial, Capítulos I y V.
9.Cirigliano, Gustavo. Manual de Relaciones Públicas. Editorial Humanitas, Capítulo VII.
Unidad N°3
La discordancia primordial entre sujeto y objeto.
Introducción a la segunda tópica freudiana.
Yo. Superyo. Ello.
Abreacción y elaboración psíquica.
Compulsión a la repetición. Actuar vs. Recordar.
Teoría traumática.
Repetición y trauma.
Representación de cosa y representación de palabra.
Energía libre. Energía ligada.
Segundo modelo pulsional.
Pulsiones de vida vs. Pulsiones de muerte.
Servidumbres del yo.
La cultura y el bienestar del hombre
Bienestar y desamparo.
Concepto de indefensión.
La felicidad como objeto a alcanzar.
Los objetos de consumo y su relación con el deseo.
El sufrimiento como amenaza.
La insatisfacción del hombre en la cultura.
Cultura y naturaleza.
Bibliografía
1.Pasquini Mónica
Ficha de cátedra: Compulsión a la repetición.
2.Freud, Sigmund. Recuerdo, repetición y elaboración. 1914. Biblioteca Nueva.
3.Freud, Sigmund. La dinámica de la Transferencia. 1912. Biblioteca Nueva.
4.J. Laplanche, J.B. Pontalis, Diccionario de Psicoanálisis. Ed. Labor
Pulsión de muerte. Pulsión de vida. Actuar. Compulsión a la repetición. Neurosis de destino. Superyo.
5.Freud, Sigmund. El malestar de la cultura. Capítulos I,II,III, IV,V. 1930. Biblioteca Nueva.
6.Maschwitz, Débora. Revista Imagen. Los secretos del rumor.
7.Scheinsohn, Daniel. Comunicación estratégica. Capítulo VIII, La comunicación, Ediciones Macchi.
8.Manjón Andrea. El Rumor. Ficha de Cátedra.
9.Arie de Gaus, La empresa viviente, Capítulo III Escenarios.
IV. Metodología de Trabajo
La materia se dictará en dos partes los días viernes en horario a confirmar.
Una primera parte teórica en la que se expondrán y analizarán los contenidos de la asignatura y una segunda parte práctica que articula lo dado en la primera con las distintas temáticas de estudio de la carrera de Relaciones Públicas, en ésta los alumnos trabajarán con los textos seleccionados por la cátedra y harán un intercambio de los análisis surgidos entre ellos y el docente.
V. Sistema de regularidad y evaluación
Para alcanzar la condición de alumno regular de la materia se deberá cumplir con el 80% de la asistencia a las clases teórico – prácticas, cumplido con este requisito se les permitirá rendir los parciales que deberán ser aprobados con 4 (cuatro) o más puntos completando la exigencia curricular con una monografía grupal.
Sistema de evaluación
El modo de evaluación consta de dos parciales teórico – prácticos áulicos individuales y un trabajo práctico grupal desarrollando en una monografía.
Parciales: serán de carácter áulico e individual y constarán de cuatro preguntas, dos de desarrollo teórico y dos de temáticas desarrolladas en los trabajos prácticos.
La aprobación de los mismos requerirá 4 (cuatro) o más puntos y serán promediables entre sí. El objetivo de este tipo de instancias evaluadoras propone el alumnado una integración de los contenidos programáticos.
Trabajo práctico: será grupal (entre 4 y 6 integrantes), los alumnos deberán elegir una organización de tipo piramidal o un lugar turístico que les resulte accesible y sobre la misma deberán aplicar las premisas dadas. La libertad de elección del objeto a analizar propiciará en el alumno un trabajo práctico no sólo como formación teórica sino también para la promoción del crecimiento laboral y/o personal.
El compromiso de la cátedra es no sólo la evaluación del mismo en función de la exigencia académica para la aprobación de la materia, sino también la supervisión de los datos obtenidos para poder brindar el aval necesario para su presentación en la institución correspondiente.
El objetivo perseguido es motivar a los alumnos a comprometerse con sus distintos ámbitos, sean laborales, sociales, etc., que el resultado de los trabajos prácticos tenga una trascendencia de los estrictamente universitario para que aporte información al entorno.
Régimen de Promoción Directa:
Para acceder al régimen de promoción final sin examen final, el promedio entre ambas evaluaciones deberá ser 7 (siete) o más puntos y además el Trabajo Práctico grupal deberá obtener una calificación de 7 (siete) o más puntos que será promediable para la calificación final.
Aprobación con Final Integratorio:
Accederán a esta modalidad todos los alumnos que hayan cumplido con la regularidad de la cursada según las condiciones descriptas al comienzo y cuyo promedio de evaluaciones se encuentre entre 4 (cuatro) y 6 (seis) puntos. El examen final será oral de integración de todos los contenidos teórico – prácticos incluidos en el programa.
Aprobación con Final para la condición de alumno libre:
El alumno que opte por presentarse en condición de libre deberá remitirse al mismo programa vigente y deberá presentar el Trabajo Práctico en forma individual previo a la instancia de examen, el que será tutoreado por el docente a cargo de los Prácticos. Una vez aprobado este punto el alumno podrá dar examen libre. El mismo constará de una primera parte escrita que deberá aprobar para pasar a una segunda instancia oral y la aprobación deberá ser con 4 (cuatro) o más puntos.
Criterios de acreditación.
Los criterios para la aprobación de la materia tanto para la obtención de la regularidad como para la promoción directa implican que el alumno durante el transcurso del cuatrimestre esté en condiciones de analizar y especificar las diferentes líneas teóricas con los criterios suficientes para los múltiples abordajes que se practican en las instituciones en función del rol profesional.
Dado que el alumno sistematiza por primera vez los conceptos básicos de la teoría psicoanalítica será condición la utilización del vocabulario específico de la misma como así también la lectura de la totalidad de la bibliografía.
Será considerada también la entrega en tiempo y forma del Trabajo Práctico grupal que deberá contar con un mínimo de veinte páginas escritas en tipografía Times New Roman número 12.
VI. Bibliografía de Consulta.
Freud, Sigmund. Obras completas. Biblioteca Nueva. Madrid, España
Freud Sigmund 1899, .Los recuerdos encubridores.
1905. Psicopatología de la vida cotidiana, Punto I. Olvido de nombres propios, Punto III. Olvido de nombres y series de palabras, Punto V. Equivocaciones Orales.
1905. El chiste y su relación con lo inconsciente. Parte B, punto IV “El mecanismo del placer y la psicogénesis del chiste”. Punto V. Los motivos del chiste. El chiste como fenómeno social.
1907. El poeta y sus fantasmas.
1908. La novela familiar del neurótico.
1912. Algunas observaciones sobre el concepto de lo inconsciente.
1935. La sutileza de un acto fallido.
Said Eduardo: Desde el Psicoanálisis hacia el campo organizacional y el mercado. www.educ.gov.ar
jueves, 29 de agosto de 2013
De cómo Freud, su sobrino y una caja de cigarrillos cambiaron el mercado norteamericano. Por Jennifer Delgado Suarez)
¿Quién podría imaginarse que Sigmund Freud (que se mostró bastante crítico con las cosas made in USA) se convertiría en un contribuidor/autor indirecto del consumismo de la cultura occidental?
La utilización del cigarrillo como un emblema de poder femenino y la difusión del tocino y los huevos como símbolo de la cultura norteamericana fueron dos de las primeras campañas publicitarias inspiradas en las ideas freudianas. La conexión entre la teoría psicoanalítica y la publicidad fue establecida por Edward L. Bernays (el padre de las relaciones públicas) y sobrino de Freud, por demás.
Bernays nació en Viena en el 1891 pero creció en Nueva York. Su madre era hermana de Freud y su padre era el hermano de Martha Bernays (la esposa de Freud). Siempre mantuvo el contacto con su tío pues la familia a menudo se reunía con Freud para disfrutar de las vacaciones de verano en los Alpes. Bernays comenzó su carrera de formación de la opinión pública mediante la creación de una campaña mediática para crear una “conciencia” sobre las enfermedades venéreas y la hipocresía sexual. Sin embargo, el éxito de Bernays llegó al aplicar los principios del psicoanálisis a las relaciones públicas y a la publicidad, después de leer “Lecciones Introductorias al Psicoanálisis", una recopilación de Conferencias impartidas por Freud, que él mismo le regaló a su sobrino en agradecimiento por una caja de puros habanos (ya sabemos de la afición o adicción freudiana a los puros).
En este caso los puros demostraron ser mucho más que un puro ya que condujeron a Bernays a una reconceptualización de sus ideas sobre la publicidad con el consecuente éxito que éstas tendrían.
Intrigado por la idea de Freud sobre la incidencia de las fuerzas irracionales en el comportamiento humano, Bernays intentó aprovechar esas fuerzas para vender productos a sus clientes. En su libro de 1928, "Propaganda", Bernays lanzó la hipótesis de que mediante la comprensión de la mente del grupo, sería posible manipular el comportamiento de las personas sin que éstas se percataran. Para comprobar esta idea, Bernays lanzó uno de sus campañas publicitarias más famosas: convencer a las mujeres para que fumasen.
Vale aclarar que en el año 1929 era considerado un tabú que las mujeres fumasen en público y aquellas que burlaran esta norma implícita eran consideradas sexualmente permisivas. También vale puntualizar que el cliente de Bernays no era otro que George Washington Hill, el presidente de la American Tobacco Company, que como podrán presuponer, estaba muy interesado en romper este tabú para ampliar el mercado de su producto. Bernays le pidió a Hill la autorización para consultar con los líderes newyorkinos del psicoanálisis y discípulos de Freud.
Esta fue la primera pero no la última vez que Bernays consultaría con los psicoanalistas en la búsqueda de ayuda para moldear sus campañas de relaciones públicas. Así, cuando le preguntó al psicoanalista Brill qué simbolizaban los cigarrillos para las mujeres, su respuesta fue muy simple: “los cigarrillos son un símbolo del poder masculino”.
De esta manera la campaña “Lucky Strike, antorchas de la libertad” estrenada el 1 de abril de 1929, se propuso a la masa femenina como un desafío al poder masculino. Bernays se procuró una lista de debutantes facilitada por el editor de la revista Vogue y lanzó la idea de que encender cigarrillos y tabaco en algunos lugares públicos como la Quinta Avenida, podría contribuir a la expansión de los derechos de la mujer. Por supuesto, la prensa fue advertida de antemano y no pudo resistirse a la historia. El "Desfile de Antorchas de la Libertad" fue cubierto no sólo por los periódicos locales, sino también por los periódicos nacionales e internacionales. Bernays estaba firmemente convencido de que vincular los productos con las emociones podría hacer que las personas se comportasen de forma irracional. Por supuesto, las mujeres no fueron más libres por la mera acción de fumar, pero el hecho de haber vinculado los cigarrillos con los derechos femeninos fomentó un sentimiento de independencia (con su consecuente resultado millonario para la American Tobacco Company y para el propio Bernays).
Luego del éxito de esta campaña publicitaria vendría el contrato con la empresa de embalaje Beechnut que sufría un retraso en las ventas de uno de sus productos de carne esenciales: el tocino. Ya en su libro "Propaganda" Bernays había contrastado los principios conductistas para desarrollar una campaña publicitaria y las ideas freudianas. El "viejo estilo" de campaña conductista repetía un estímulo una y otra vez hasta crear un hábito en los consumidores, para esto inundaban con anuncios las páginas completas y posteriormente brindaban un incentivo o recompensa, generalmente en forma de cupones de descuento.
Sin embargo, en la creación de esta nueva campaña al estilo freudiano, Bernays se preguntó: "¿Quién influye en lo que el público se come?" Su respuesta lo condujo a encuestar a los médicos y preguntarles si recomendarían un desayuno ligero o un desayuno abundante. Los médicos recomendaron un desayuno abundante y así le facilitaron el camino a Bernays para convencer a los estadounidenses a cambiar su habitual zumo, tostadas y café por el desayuno de huevos con tocino. De más está decir que esta campaña publicitaria fue todo un éxito.
Pero… ¿estaba Freud al tanto de cómo su sobrino utilizaba los principios psicoanalíticos? ¿Había dado su consentimiento para utilizar sus ideas en las campañas publicitarias?
Los historiadores aseveran que la totalidad de los detalles no la manejaba. No obstante, Justman afirma en su artículo: “Freud and His Nephew”, que Bernays le había enviado a Freud una copia de su libro: "Cristalizando la Opinión Pública" y la respuesta de Freud fue bastante lacónica: "He recibido tu libro. ... Como una producción verdaderamente americana me interesó mucho".
A pesar de su respuesta sarcástica, al enfrentarse a su ruina financiera en Viena, Freud se vio obligado a pedir ayuda a su sobrino. Bernays le correspondió con la organización para publicar sus obras en Estados Unidos, lo cual le proporcionó a Freud cierta estabilidad financiera. Mientras la fama de Freud crecía Bernays le sugirió que podía promoverse a través de la redacción de artículos populares para la revista Cosmopolitan pero Freud rechazó de plano esta idea. Aunque Freud pudiese no objetar nada ante la utilización de sus ideas para manipular el mercado, se negaba abiertamente a participar en la cultura popular americana. ¿?
Fuentes:
Held, L. (2009) Psychoanalysis shapes consumer culture. APA; 40(11).
Justman, S. (1994) Freud and His Nephew. Social Research; 61(2): 457-746.
EL PSICOANÁLISIS Y EL SUJETO EN EL NUEVO SIGLO Por María del Carmen Franco Chávez
Es un lugar común decir que los sujetos son hijos de su tiempo, es una verdad de Perogrullo; sin embargo, es importante hacer evidentes las características de “esos tiempos” y más importante aún, desentrañar por qué son así. Esas son las dos preguntas que guiarán este trabajo: ¿Cuál es el distintivo de la subjetividad del sujeto a principios del siglo XXI?, ¿Cuál es el papel del mercado en la constitución de ese sujeto? En ese sentido, en una primera parte se mencionarán y analizarán las características particulares de los nuevos tiempos, para en un segundo momento, analizar el fetichismo de las mercancías, el mercado y su relación con la constitución de la subjetividad, finalmente se propondrán algunos puntos a reflexionar.
En principio debe aclararse el porqué no se habla de postmodernidad sino de “los nuevos tiempos” aunque para muchos no haya distinción alguna. La postmodernidad en sí misma impide una definición porque no se sabe dónde empieza y dónde termina, no tiene estructura, ni sistema, ni coherencia teórica.
Aunque al parecer, la definición que parece más adecuada de postmodernidad para esta charla, es aquella que postula que lo posmoderno es la paradoja del futuro (post) anterior (modo) porque remite directamente al psicoanálisis en términos del tiempo del Inconsciente, aquello que sólo puede ser comprendido en retrospectiva; por eso se entiende que la obra, el texto, el discurso posmoderno tengan las propiedades de un acontecimiento y que lleguen tarde al autor mismo.
En este caso se elige hablar de los nuevos tiempos porque de esa forma analizaremos esas características sin ponerles adjetivos, la elección de los escuchas determinará si son o no postmodernas.
Algunas de esas características son las siguientes:
− La desesperanza extrema de los sujetos, que ya no creen en nada ni en nadie, ya que la experiencia les ha demostrado que cualquiera que sea su elección, siempre será errónea porque siempre será irrealizable.
− La imagen está por encima de las propuestas y de las convicciones ideológicas, la imagen se convierte en una mercancía vendible.
− Los medios de comunicación se erigen como sustentantes de la verdad sin que hagan mayores cuestionamientos.
− La insistencia en el aquí y ahora, el presente, lo inmediato sin importar lo demás, como si el presente no dependiera de las elecciones pasadas y el futuro de las que se tomen en el presente.
− La pérdida de la fe en las instituciones, la creación de nueva formas de creencias, incluyendo las religiosas.
− La pérdida de la fe en la razón y en la ciencia, que han terminado por generar más preguntas que respuestas.
− El culto al cuerpo incluso como mercancía, por la sobrevaloración de la juventud.
− Lo esotérico como respuesta a las preguntas sin respuestas de los sujetos.
− La depredación de los recursos renovables y no renovables del planeta, al mismo tiempo, la toma de conciencia de ello.
− La transgresión cínica de la ley, casi todo puede hacerse, siempre y cuando existan los medios para “comprar” al aparato judicial.
− El tránsito de la economía capitalista hacia su forma de mayor sofisticación: economía de mercado.
− Los mensajes de cualquier tipo, pierden importancia en el contenido y lo ganan en la forma.
− Utilización y sobrevaloración de la tecnología.
− El surgimiento de una multiplicidad de personajes que tienen impacto en zonas geográficas pequeñas, líderes populares de impacto localista que ya no detentan, en su mayoría, el punto de vista de la humanidad.
Estas son algunas de las características de los nuevos tiempos, sólo para abundar en algunas de ellas podemos decir qué lo que era impensable antaño es posible ahora y lo qué es impensable hoy, puede ser posible mañana. Tan sólo la perspectiva científica ha variado su propio concepto. Una característica importante de los últimos tiempos, es que la ciencia, la tecnología, las tecnociencias, han variado la calidad de la vida de una manera impresionante. La manera, incluso, de cómo se constituyen las ciencias se ha visto alterada. Las posiciones filosóficas y epistemológicas han cambiado. Lo importante no es el hecho mismo, sino el cuestionamiento sobre lo que es un hecho. Lo importante ya no es el hecho sino su interpretación. Los derivados de la ciencia, los avances tecnológicos, que han transformado o hecho más cómoda (cosa que estaría en cuestionamiento) la vida en el planeta han llegado al extremo hasta ahora, de colocar en un mismo medio, en la red, la compra de un aparato, acceso a la pornografía, a la vida y obra de los filósofos, de los rockeros o los avances científicos de cualquier especialidad, así como a las nuevas teorías y a lo que se pueda imaginar. Incluso queda de manifiesto la contradicción de un sujeto que está conectado a la red teniendo charlas electrónicas con varios sujetos tal vez de otros países pero que al mismo tiempo se siente solo.
Los puntos a cuestionar aquí son las preguntas de investigación que llevan y siguen generando los descubrimientos y sobre todo a sus aplicaciones. Parece que la respuesta que priva es siempre la ganancia: ¿cómo obtener más ganancia de cualquier actividad? ¿Cómo convertir esa actividad en mercancía? ¿Cómo ese descubrimiento científico puede ser aplicado y vender? Vender, que no necesariamente servir. Esa es desde su origen la lógica del capitalismo, la competencia por la posesión de determinadas mercancías y la obtención de ganancias a toda costa, no importa que se deprede la naturaleza y que se ponga en riesgo la existencia del ser humano. La ilusión que propician las mercancías en el sujeto que cree que mientras las posea, una tras otra, solventará la razón de su existencia, y, si para ello hay que matarse entre sí y extenuar a su proveedora de materia prima, (la naturaleza) pues que se haga. Sin embargo, a diferencia del pasado, de principios del siglo XX, hoy existe la conciencia, por lo menos de una parte de la humanidad de que la vida mercantil y de ganancia conducen al suicidio humano, sin embargo los dueños del gran capital no están dispuestos a perder ninguna ganancia.
Otra característica de estos tiempos es la producción de mercancías, objetos de todo tipo, productos útiles que facilitan la vida en el planeta, que se convierten en objetos de deseo, permanente e inevitablemente insatisfecho, para luego pasar a ser objetos de desecho y no sólo eso, sino objetos inútiles, productos que se colocan en el mercado, que no satisfacen ninguna necesidad, sino que por el contrario, perjudican incluso la salud de los sujetos.[1]
¿Todo esto cuestiona, en el ámbito laboral, el trabajo realizado por cualquier sujeto que dedica de 8 a 16 horas para vivir? La respuesta evidente es si, cuestiona esa mercancía vendible que es la fuerza de trabajo, aunque el sujeto responda por su vida, el asunto de fondo es en qué posición está situado con respecto a su propia subjetividad, por la que tendrá que responder, como ser independiente; lo que tiene en común con los demás es otra cosa. ¿Qué cosa? ¿en qué consiste ese cuestionamiento? Parece que en los nuevos tiempos el sujeto no sólo vende su fuerza de trabajo, sino algo más, lo que paga el empleador no consiste en el tiempo que el individuo pueda trabajar, además del plusvalor de la mercancía, también está pagando fidelidad, creatividad, entusiasmo, en fin, casi una entrega total, una serie de valores que rayan en el servilismo y hacen dudar de la libertad de elección de trabajo. Ya que el empresario tiene a disposición muchísimos sujetos más de los cuales puede elegir si un sujeto particular no se adecua. Está en la empresa, aquel que se adapte a las necesidades del gran capital. Sea aquél que promueve un artículo de ninguna necesidad, aquél que planifica una estrategia del publicidad diseñando espacios, letras, etc, aquél que pasa 10 horas en la fábrica o bien aquél que da clases 60 horas a la semana para mantener su ritmo de vida, incluso aquél que plantea estrategias para incorporar su mercancía a mercados internacionales o el que diseña estrategias para países en vías de desarrollo y hace recomendaciones.
Entre otras particularidades de estos tiempos se encuentra la sobrepoblación en países de bajo ingreso, la persistencia de la hambruna en países pobres. Esta situación también es un motivo de lucro, de lucrar políticamente con la vida de otros. Hoy por hoy, existen los recursos necesarios para enfrentar la hambruna y las catástrofes propias de la tierra, sin embargo, la ganancia no está dispuesta a invertir en ello[2]. Es más, al gran capital no le importa que haya “daños colaterales” que de suyo no son imputables a nadie, es decir, creación de más y más pobres, la degradación hasta la muerte, con tal de conserva y llevar al límite “la estabilidad del mercado”.
La publicidad es engañosa, esa forma de comunicación donde lo importante no es el contenido, sino la forma de presentación, lo que quiere finalmente es vender, a través del posicionamiento de un artículo en el mercado, a pesar de su inutilidad para la vida, para la salud. Es más, en contra de la salud y de la vida. Lo que importa no es la salud de las personas ni su bienestar, eso ya se sabe, el discurso publicitario es así: cínico, diría Sloterdijk, lo que recuerda la posición de la perversión frente a la falta: Ya lo sé, pero aún así.
Se concibe con pesadumbre y desesperanza en estos tiempos, que el ser humano está llegando a las últimas etapas de su existencia no sólo por la devastación del planeta, sino por la guerra, negocio millonario, la hambruna, el odio y demás crisis derivadas de la no resolución de la esencial, la escisión del sujeto. Ese fin de la humanidad es perfectamente posible. Sin embargo, no está demás decir que no sólo ahora es cuando la humanidad está en crisis. La crisis nació con ella. Con la cultura, con el sujeto. Si, el hombre está escindido, partido en dos, entre la inmediatez y el porvenir, dice Fullat, es decir está partido pero no desde hoy sino desde siempre. Ese es una de las consecuencias del descubrimiento freudiano: el inconsciente. La posmodernidad no hace, sino enfatizar la incertidumbre, desde la científica hasta la ética.
En fin, la mayoría de estas particularidades confluyen en el mercado, casi todo ha devenido en mercancía, casi todo se puede comprar. Esa peculiaridad nos remite al siguiente apartado, ya que no se trata de mencionar sólo el aspecto fenoménico de esos rasgos de los nuevos tiempos sino tratar de analizar el porqué de esas singularidades.
LAS MERCANCÍAS Y EL MERCADO
De acuerdo con lo anterior, el análisis estaría incompleto si no tomamos en cuenta cómo se ha desarrollado el capital en los nuevos tiempos, para lo que necesariamente habría que recurrir de nuevo a Marx, pero en boca de Armando Bartra:
“El capital ha penetrado hasta los últimos rincones y lo impregna todo, Amo y señor, el gran dinero devora el planeta asimilando cuanto le sirve y evacuando el resto. Y lo que excreta incluye a gran parte de la humanidad que en la lógica del lucro sale sobrando”
En pocas palabras lo que no le sirve son desechos. Otro de los problemas fundamentales es que el gran capital deposita la responsabilidad en el individuo, por tanto mueren quienes no pueden competir. Pero en realidad lo que habría que decir es que se les deja morir, y eso, a todas luces es genocidio quizá lento y silencioso como señala Bartra, pero genocidio al fin. Pero también a decir de Bartra, se señala la paradoja del “entre”. Entre participar y no hacerlo, entre servir a los intereses del gran capital, entre dejarse llevar o luchar contra él. Se vive dentro y fuera, el gran capital “no mata, nomás taranta” (Bartra, 2008), pero al final mata, lento pero seguro. Esto es así porque en la economía de mercado, del mercado libre, aquél que se supone debía autorregularse[3], la libertad estriba en la obtención de ganancias, aunque tenga como consecuencias lo que se ha denominado “daños colaterales” como la pérdida de los empleos, el daño irreparable a la naturaleza, la pérdida de vidas, de cualquier cosa tangible o intangible en nombre de la ganancia.
Los “daños colaterales” no son atribuibles a alguien específicamente, se provocan porque hay movimientos, así ese movimiento, elude lo que necesariamente provoca. Los “daños colaterales” están desperdigados en todos los ámbitos de las sociedades. El aumento de número de pobres es un ejemplo de “daño colateral”, esa nueva categoría de población antes ausente: la infraclase que para el mercado no sólo es absolutamente inútil, sino por lo mismo, indeseable.
Así que los pobres son el daño colateral del mercado, han devenido en una molestia ya que no tienen nada que ofrecer a cambio de los desembolsos de los contribuyentes. Eso dice Bauman, quizá habría que matizar que sólo están ahí para el voto, para preservar la pobreza, el dinero que se les asigna a través de programas contra la pobreza es una mala inversión que nunca se recuperará, mucho menos redituará en ganancia económica. La pobreza es considerada, en términos económicos, como un agujero negro que succiona todo lo que se le acerca, que no devuelve nada, sin embargo la pobreza también puede ser un capital político, del que ya se sabe con antelación que no se superará, pero aún así se invierte en ella para su continuidad.
Si esto es así, la visión globalizada de: “sin ellos estaríamos mejor”, resulta totalmente falsa, porque son necesarios para preservar esa situación. Sin embargo, en la fantasía, se trata de la exclusión del otro competidor, aquél que no puede. Así los niños y los ancianos principales beneficiarios de estos programas que no tienen nada que aportar, porque no tienen capacidad competencia, menos de consumo, son desechos, los orilleros a la manera de Bartra, los sobrantes a la manera de Forrester y lo que hay que hacer con los desechos es desaparecerlos.
El mercado es inmoral dice Bartra, amparado en el libre mercado que no es más que una cortina de humo para intervenir cuando convenga a los intereses del gran dinero. No es la discusión en este caso determinar ni calificar si el mercado es inmoral, sin embargo si hay que preguntarse, analizar ¿cómo se genera? En primera instancia podríamos pensar en que escondidas en las mercancías se encuentra, el plusvalor, el lucro, la ganancia, más que el servicio, más que el valor de uso y abundando en ello, podríamos pensar que en realidad los generadores de productos no venden mercancías, venden otras cosas, cosas inasibles que se escapan al tratar de encontrarlas en los artículos, en las que existe siempre una distancia, una hiancia entre la mercancía que se vende y el producto que se compra, por ejemplo, el deseo de juventud, hombría, ternura, poder, seguridad, etc., eso lo sabe cualquier publicista. El mal según Bartra está en la perversión que ha sufrido el propio valor de uso, donde el objeto se vuelve contra el sujeto, las cosas contra los hombres. Las armas de cualquier tipo, por ejemplo, estos artefactos que están orientados contra la vida misma de los seres humanos, son el testimonio más incisivo de esa maligna voltereta, así la mercancía que sirve para desaparecer a esos otros, se cotiza muy alto y es un negocio altamente rentable que está por encima de las vidas humanas, que se convierten literalmente en desechos.
La irracionalidad del gran dinero no es necesariamente cuando priva la cantidad por la calidad, o que el valor de cambio prive sobre el valor de uso, sino la peor irracionalidad es el lucro sobre todas las cosas, mercancías, modos de vida, sistemas de pensamientos e incluso la vida misma.
Marx pensaba a propósito del fetichismo de las mercancías que:
"El carácter misterioso de la forma mercancía estriba, por tanto, pura y simplemente, en que proyecta ante los hombres el carácter social del trabajo de éstos como si fuese un carácter material de los propios productos de su trabajo, un don natural social de estos objetos y como si, por tanto, la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social establecida entre los mismos objetos, al margen de sus productores".
Bartra le da otra vuelta al fetichismo de la mercancía, porque en el capitalismo las mercancías se asumen valiosas intrínsecamente en tanto que “encarnan espectralmente” el valor. Pero, si es insensato atribuirle valor a algo por el hecho de que tiene código de barras, es doblemente insensato negárselo a un bien porque no tiene ese mismo código.
También habría que agregar aquí el punto de vista de Žižek que habla de dos tipos de fetichismo, con sus respectivas consecuencias: el de las mercancías que se instala en la época capitalista y que propone la relación desfetichizada entre los sujetos, puesto que dos sujetos siguen su propio interés con el respaldo de la ley al buscar y encontrar un trabajo. Por otra parte el fetichismo de las relaciones entre los hombres, el fetichismo precapitalista, “las relaciones de dominio y servidumbre” de señores y siervos. Como si las desfechitización de las “relaciones entre los hombres” se pagara con el fetichismo de la mercancía. Así con el surgimiento del capitalismo, las relaciones de dominio se encuentran reprimidas y aparecen a través del síntoma que se presenta como igualdad, libertad y todos los valores de la “democracia”, es decir en lugar de aparecer manifiestamente, las relaciones existentes entre las personas, aparecen disfrazadas de relaciones sociales. Por eso dice Žižek que Marx inventó el síntoma.
Si esto es así, se entienden como síntomas lo que plantean los tecnócratas neoliberales: tratar de vender la ilusión de la modernidad, siguiendo los pasos de otras naciones “avanzadas” esto tendría costos que había que soportar: los daños colaterales y el ajuste estructural, que serían ampliamente subsanados por el crecimiento de la economía y los desocupados resultantes del forzoso redimensionamiento de la agricultura seguramente encontrarían acomodo en la impetuosa expansión de la industria y los servicios. La realidad resultante es que no son requeridos ni como ejército de reserva. Los sujetos entonces, devienen también en mercancías se intercambian por otros valores y no sólo eso les deja el gran capital, sino que ahora tratan de serlo a toda costa, una mercancía útil para la empresa, tratando de ser ese sujeto que la empresa busca para explotarlo, para que reduzca los costos de fabricación. Mercancías al fin y al cabo cuyo fin será siempre el mismo: un objeto de desecho. Es así como el goce se expresa a través del síntoma, ya que a través de su satisfacción, paradójicamente se genera sufrimiento y, hay que aclararlo, no es ningún daño colateral, sino estructural.
Si entendemos así los síntomas, podemos abundar en las características de los nuevos tiempos, como nuevas formas mercantiles sintomáticas. Casi todo se puede comprar, llegando al deplorable extremo de convertir a los sujetos mismos en mercancías, no sólo como fuerza de trabajo[4] o más allá de eso, sino mercancías que se compran para la diversión de los poderosos, baste mencionar los casos de pederastia, prostitución y pornografía infantil. De ahí en adelante, casi cualquier cosa, cuerpos esculpidos al gusto por un lado, títulos, calificaciones, ideas, convicciones, votos en las cámaras por una ley determinada[5], artefactos que no tienen demanda alguna y que la gente se desvive por tenerlos[6] lo que recuerda la propuesta brausteniana del discurso del mercado, sorpresivamente con la misma estructura del discurso del analista. Sujetos atrapados por el mercado. Ya no es identificable el dueño del capital, aquél enemigo tangible. El mercado tiene muchas caras, todas las grandes organizaciones financieras en las que no se identifica a nadie en particular como poseedor, ya no de los medios de producción, sino de acciones con las que se especula y se hace ganar o perder miles de empleos a favor de las ganancias. El sujeto del mercado.
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Donde el agente, el artefacto, la mercancía, no pide ni demanda, está ahí para que el otro, el sujeto tachado lo convierta en objeto causa de deseo, que se produzca un significante amo, algo inaugural al mismo tiempo y en el lugar de la verdad, el saber inconsciente. Un objeto causa de deseo que no demanda cosa alguna, si se sabe usar, bien, si no es así, tampoco pasa nada. Esto generará algún movimiento que remitirá necesariamente al saber inconsciente, el de la incompletud. Pero también de ser objeto causa de deseo, esa mercancía, ese artefacto, pasará a ser objeto de desecho, porque existirá un nuevo objeto causa de deseo, algo que tenga más memoria, más utilidades, esté más bonito, produzca más lo que sea. Sin embargo no se satisfará ninguna necesidad menos aún alguna pulsión, siempre quedará ese resto y es ahí donde aparecerán las nuevas presentaciones del psiquismo en el terreno individual, entiéndase por ello, los trastornos clínicos que estarán o no incluidos en la nueva versión del DSM.
PUNTOS SOBRE LOS QUE HABRÁ QUE ABUNDAR
• Slamonur Mrozek escritor polaco, compara al mundo en que vivimos “con un puesto de mercado lleno de vestidos de moda y rodeados de una multitud e “yoes” a la búsqueda (…) Uno puede cambiar de vestido las veces que quiera, así que los buscadores gozan de una fabulosa libertad (…) sigamos buscando nuestro yo real y es pura diversión, a condición de que nunca lo encontremos, porque si lo encontráramos, la diversión terminaría. Lo anterior da pie para pensar en esa búsqueda insaciable por esa cualidad, que no tienen las mercancías. Se ofrece cualquier objeto de consumo que podría completar al sujeto, pero entre eso y lo que el sujeto desea, existe una gran distancia. Por lo que siempre viene otra mercancía a sustituir a la anterior, cualquier objeto. Así, la metáfora sería la del coleccionista obsesivo, aquél al que cuando se le pregunta cuál es su pieza más valiosa, él contesta: la siguiente. Esa búsqueda continua, constante que permite no satisfacerse y seguir hacia adelante.
• El Estado dice Bauman, entre otras funciones, convierte a los ciudadanos en actores y accionistas. Protectores y protegidos del sistema de “bienestar social” individuos con enorme interés por el bien común. Con la finalidad de convertir a la sociedad misma en un bien común, cuya posesión corresponde a todos gracias a la defensa contra los horrores de la miseria y la indignidad. Eso debería ser el Estado desde el punto de vista de este teórico. Pretensión ilusoria sobre la función del Estado, porque a pesar de que regula, no puede con el poder del mercado. La ley que distingue al Estado, no tiene influencia sobre el poder del mercado, ya que una vez que la ley opera, se pone de manifiesto su hendidura y por ahí se genera la evasión misma de su cumplimiento. Los poderosos se ríen de las pretensiones de tal o cual partido y, están de acuerdo siempre y cuando puedan favorecerse con la obtención de mayor ganancia.[7]
• Así que el principio del Estado social en la sociedad de consumidores de mercancías, de defender a la comunidad del “daño colateral” ha funcionado al margen de la atención pública, con pretensiones reparadoras ha servido, para movilizar el poder del mercado, los intentos por contenerlo son cada vez más vanos y menores.
• El discurso de los poderosos, que devela su ilusión fantaseosa, ha sido que a los pobres hay que aislarlos del mundo. Como si se estuviera mejor sin ellos. Colocándolos en el lugar de enemigos tangibles, que atentan contra la forma propia de vivir. Eso se consigue adjudicándoles características individuales que los hacen indeseables, flojos, inútiles, vagos, incultos para que en el imaginario se entienda la maravilla que sería la vida sin ellos. Hay otras aproximaciones psicoanalíticas que sostienen que esa amenaza que representan los pobres, son proyecciones de la propia ambivalencia interna de la sociedad y de la angustia nacida de esa ambivalencia, los enemigos que asedian las murallas son sus propios demonios internos. De cualquier forma, esta interpretación analítica también denuncia la ilusión imaginaria de una sociedad sin falla, sin falta, donde se localizan esos otros indeseables para identificarlos como enemigos de la sociedad.
• No está por demás mencionar que no estamos hablando de sujetos concretos, sino del conjunto de sujetos que podrían representar al sujeto de principios del siglo XXI y por lo tanto de la imposibilidad de cubrir el objetivo de hablar sobre el sujeto del nuevo siglo, ya que por lo menos existen 7 mil millones de sujetos en el planeta. De cualquier forma, parece que no es inútil para el análisis de los tiempos, que no de los sujetos concretos, que por supuesto escapan a cualquier intento de agrupamiento o significación común.
• El siglo XX se conoce como el siglo posmoderno. Poco importa si el sujeto producto de ese siglo, y el de este, es moderno o posmoderno, el sujeto está atravesado desde su origen, son las condiciones las que cambian, las que dan esas características particulares a los sujetos, pero la condición de incompletos está presente desde la aparición del lenguaje, es decir desde la prehistoria, en ese origen perdido. La existencia del sujeto como tal reside en el lenguaje, ya que existir proviene de sistere, “colocar”, “hacer venir”, “consolidad”, “erigir”, y de ex, “desde”, “a causa”, “después de” y es que la ex(sistencia) del sujeto radica en aquello que lo hace venir. Eso es el lenguaje, aquello que hace venir al sujeto. En esta línea de pensamiento es el lenguaje lo que constituye la subjetividad del sujeto. Para el tema que nos ocupa, el lenguaje de los nuevos tiempos, oculta y exhibe al mismo tiempo. Esa red de significantes que hace imposible aprehender el objeto o la mercancía misma, por eso, menciona Žižek es inútil buscar las características positivas, físicas, de ese objeto o mercancía, porque no implica eso desconocido que hace de él la encarnación de ser más rico o más feliz, es, por lo tanto, la contingencia radical de la nominación, el hecho de que nombrar es necesario, pero lo es, por así decirlo, necesariamente después, es decir, retroactivamente.
• En este siglo, el sujeto que no esté en condiciones de competir, es desecho, sin embargo, esos desechos, los orilleros, los migrantes, los otros no se resignan a desaparecer se convierten en movimientos coloniales, guerras campesinas, movimientos feministas, movimientos migratorios étnicos y por supuesto los jacqueries urbanos, dice Bartra es decir que la dialéctica, si se quiere llamar así, del mercado, conlleva en sí misma su falta y su manifestación sintomática. Es imposible saber el curso que tendrá la humanidad, puede ser cualquier cosa, eso nos lo ha dicho la historia misma. Aun así, estos movimientos tratan de reivindicar al sujeto, que se niega a ser eliminado, porque a pesar de todo y por la falta misma, el sujeto desea.
• El impacto que los fenómenos de los nuevos tiempos ha tenido en la ética, es también contundente. Porque lo que prevalece es la ambivalencia, la imposibilidad de totalidades sobre la moral, ya que cualquier intento de totalización es altamente peligroso, la moralidad como una aporía. Claramente es una aporía ya que lo que es bueno para unos no lo es para todos. Sin embargo no se está por “todo se vale”. El sujeto aun cuando quiera deshacerse de su responsabilidad, no puede. Ésta aparece, se devela a través de los síntomas, con un superyó hiperintenso, diría Freud. La responsabilidad del sujeto es intransferible, no es intercambiable, responsabilidad inagotable porque no podemos estar bien con todos diría Lévinas, hay que asumir, hay que pagar a pesar de los pesares para que se desanude en la medida de lo posible el goce.
• El fantasma de completud, de totalidad, la fantasía de construir una sociedad que si existió en “algún momento” siempre es algo que moviliza los deseos. Lo que importa aquí es la creencia que sustenta ese fantasma, porque la creencia está basada necesariamente en la transferencia, la creencia de que el mercado, regulará los bienes o la creencia de que el Estado regulará al mercado, que está por el bien de los sujetos, de que vela por ellos. La fantasía de que en algún momento esos movimientos innovadores o contestatarios llevarán al sujeto a un estado mejor.
• Finalmente, cualquiera que sea la presentación de la cultura, no será más que otro signo de su malestar y lo que provoca en el sujeto.
ÉTICA Y COMUNICACIÓN. UNA MIRADA DESDE EL PSICOANÁLISIS Por Sara Sutton
De tal manera que hablaré en parábola, es decir, para desorientar. Jacques Lacan
Hay discursos que trastocan el mundo justamente por no explicar nada. Ya decía Altazor que “los verdaderos poemas son incendios”. (1)
¿Qué se juega en el campo de la comunicación cuando pensamos que éste se reduce a la eficacia en la transmisión de un mensaje por un emisor a un receptor? Tras esta mirada de intenciones – aparentemente apolíticas – de comprensión y clara comunicación, se esconde un entramado de redes de poder, pues, más allá de la producción y transmisión de un mensaje, el juego de las comunicaciones se encuentra atravesado por estructuras sociales y simbólicas que lo determinan. No se trata sólo de comprender cómo se gestan y se distribuyen los discursos, sino develar que tanto su producción como su puesta en circulación generan relaciones de poder que configuran el espacio de lo social.
La comunicación debe ser pensada en plural, pues los discursos que configuran el orden social son múltiples y no todos corren con la misma suerte: los que construyen la Historia – los de los grupos dominantes – aunque pretendan erigirse en discursos universales, portadores de la Verdad, la voz de los otros – los marginados y excluidos – se inmiscuyen por las grietas más delgadas y por minúsculas porosidades para contar su historia y nombrar la realidad desde otro lugar. Sin embargo, además del caleidoscopio de estos discursos eficaces o parcialmente acallados, nos enfrentamos también ante cierto silencioso malestar que no encuentra cause en el laberinto del lenguaje. Es entonces imperante intentar escuchar ese silencio y leer lo no formulado, lo no dicho, para propiciar la emergencia de nuevos discursos que den cabida al otro, a los múltiples otros que desde los discursos dominantes sólo pueden ser leídos como los desviados, enfermos, subdesarrollados, insanos y peligrosos.
Así, el lenguaje aparece no sólo como un medio de comunicación sino también como gestor de realidades; no sólo es un medio de representación de los hechos, sino que el lenguaje crea y recrea el orden. Desde este lugar, damos cuenta que el sentido, más que descubierto o revelado, es creado; o, en términos nietzscheanos podemos decir que el conocimiento no se descubre sino se inventa.
Desde esta perspectiva, las “ciencias de la comunicación” – cualquier cosa que eso signifique – no se remiten sólo a analizar las diversas formas y técnicas de la transmisión de mensajes, sino – como mencionamos anteriormente – también a reflexionar sobre ese complejo campo de los discursos sociales que aparecen como un entramado de relaciones de poder. Este panorama nos obliga a pensar que el problema de la comunicación es también un problema ético y político. Y aquí es donde se cruzan el campo de la comunicación, el arte y el psicoanálisis. Si el arte tiene que ver, desde un punto de vista fenomenológico, con poner el mundo entre paréntesis y hacerlo salir de sus goznes al posicionarse más acá de los fenómenos y el mundo de las formas, da cuenta, a través de la sensación, de una serie de escorzos y retazos, que aparecen como fragmentos de materialidad inacabada. (2) Así, el contacto con el mundo por medio de la sensación, se encuentra más acá de la visión que resulta en un saber sobre los objetos (como la mirada científica, por ejemplo). Desde aquí, desde la sensación – a diferencia de la mirada de la ciencia –, no hay conocimiento que arribe sino pura afección que irrumpe en el curso “natural” o “mundano” de los acontecimientos, para develar su reverso. Aquello que se revela en el arte tiene que ver, entonces, con los contrasentidos de una historia bien contada. Podríamos decir, siguiendo los trazos de Walter Benjamin, que “leer la historia a contrapelo”, no significa abordarla desde la posición contraria sino detenerse por un instante en sus bordes con el fin de revelar una historicidad anacrónica que, a pesar de que la Historia oficial intente desconocer, insiste y aparece a modo de significación sintomática. (3) Esta anacronía que hace tropezar el paso firme de la Historia, la podemos relacionar con aquello que Freud llamaba la “melodía primitiva de las pulsiones” [Triebmelodie]: testaruda melodía oriunda de las formaciones del inconsciente que se cuela por los oídos e impone su propio estribillo, desentonando así la gran sinfonía de la civilización. (4) Y ¿qué es aquello que desentona y se cuela por los oídos, proviniendo del inconsciente? Son despojos: aquello que ha sido acallado y que de alguna caprichosa manera se hace escuchar desde las barricadas del cuerpo; desde esa “carne labrada por arados de angustia”. (5)
Habría entonces que apostar, más que por la transmisión clara y eficaz de un mensaje, por la puesta en crisis de la comunicación y de toda comprensión, con el fin de que aparezca ese silencioso malestar que sempiternamente se empeñan en acallar los grandilocuentes discursos bien modelados por las herramientas técnicas y tecnológicas de la comunicación. Sin embargo, para que se haga escuchar ese silencio es necesario ser paciente y no echar mano de la primera palabra del excluido que hace suyos los discursos institucionalizados, presentándose a sí mismo como efecto de la miseria e idealizando su propio perjuicio. No está de más hacer notar que la expresión “pobre de mí”, la cual pareciera surgir de un discurso autorreferido, en realidad encuentra su soporte en el discurso del Otro social. Como lúcidamente dice Assoun, el autocomentario de la miseria no es más que la “inflación que enmascara mal el no-poder-decir”. (6) En contraste, la mirada apelmazada de las instituciones se ve colapsada por el decir de ese otro que construye un saber desde las cicatrices de su propio cuerpo y no desde la palabra experta que pretende revelar sus causas con miras a controlar sus efectos. Este saber que hace estragos en el cuerpo es siempre un saber incompleto que no explica, mas se erige cual testimonio de la singularidad. De este humilde saber no se puede hacer ciencia alguna ni generalizaciones universales.
Desde este lugar, la comunicación aparece como imposible, pues es tan sólo un falso ideal. Lacan decía que él no pretendía ser entendido sino causar olas. ¿Qué significa esto? ¿A dónde apunta cuando afirma que la no comprensión es signo de eficacia? En relación con la interpretación en el análisis, nos dice Lacan: “para confirmar lo bien fundado de una interpretación lo que cuenta no es la convicción que acarrea, puesto que se reconocerá más bien su criterio en el material que irá surgiendo tras ella”. En efecto, más que de donar una interpretación aclaratoria, explicativa o “asertiva”, se trata de “provocar olas”: de desencadenar efectos no esperados, sorpresivos, que nada tienen que ver con una verdad que yace “bajo tierra” esperando ser desenterrada. Quizás tenga que ver, más bien, con un saber desentrañado, que adviene precisamente de las entrañas... del analizante.
Siguiendo el hilo de esta idea y deslizándonos al terreno de las relaciones sociales, podemos decir que no se trata de comunicarnos para llegar a un consenso a través de la comprensión, sino de escuchar al otro dejando que éste cimbre las convicciones más firmes, los paradigmas más “naturales”, toda moral. Y esto, no para entender al otro poniéndome (7) en su lugar – tarea que, además de ser imposible, aparece como peligrosa – sino crear un hiato insalvable entre yo y el otro que impida colmar toda sed de Verdad; agujero que – como advierte Assoun – le muestra de forma desgarradora, tanto a las ciencias sociales como a las ciencias de la comunicación, una falla en el saber que ninguna sutura podrá salvar; y de pretenderlo, correríamos el riesgo de institucionalizar el terror con el arribo del totalitarismo.
(1) Vicente Huidobro, Altazor, México, Rei México, 1997, p. 57.
(2) Aquello que la fenomenología husserliana llama datos hyléticos
(3) Georges Didi-Huberman, Ante el tiempo,Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2004, p. 125.
(4) Paul L. Assoun, Freud y las ciencias sociales, Barcelona, Ediciones del Serbal, 2003, p. 58.
(5) Vicente Huidobro, Altazor, ob. Cit., p. 65.
(6) Paul L. Assoun, El perjuicio y el ideal. Hacia una clínica social del trauma, Argentina, Nueva Visión, 2001, p. 35.
(7) La posición nos remite también a la hipóstasis: a la localización de la conciencia y la emergencia de un sujeto que viene a sí, pero que no puede ir a ninguna parte. El sujeto, en la hipóstasis, está encerrado en sí mismo sin posibilidad de evasión: esa es la tragedia del yo. Cf. Emmanuel Levinas, De la existencia al existente, Madrid, Arena Libros, 2000.
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