viernes, 8 de mayo de 2015

Baudrillard: Cultura, simulacro y régimen de mortandad en el Sistema de los objetos


Adolfo Vásquez Rocca [*]

Resumen

El presente trabajo intenta, a partir de la revisión de las obras fundamentales de Jean Baudrillard, dar cuenta del origen de la personalidad narcisista, que no conoce límites entre ella misma y el mundo que exige la gratificación inmediata de sus deseos, así como la erosión de la vida intima tenida lugar en la sociedad del espectáculo. El American way of life aparecerá caracterizado como el imperio de la seducción y de la obsolescencia decretada; un sistema que rinde culto al fetiche de la mercancía y la pornografía de la información. Finalmente, se buscará dar  cuenta de cómo el consumo no es, en absoluto, la base sobre la que descansa el progreso, sino más bien la barrera que lo estanca o, al menos, lo lanza en la dirección contraria a la de la mejora de las relaciones sociales. 

Palabras claves:

Seducción; narcisismo; alteridad; imagen; espectáculo, consumo; obsolesencia.

Narcisismo y transformación de la vida pública

¿Cuál es en última instancia el entramado ideológico del sistema de los objetos? ¿Qué ideario encarna este sistema cuyos principios son la caducidad y la obsolescencia —el imperativo de la novedad—, la ley del ciclo y otros  automatismos semejantes? Baudrillard dirá que son dos: el principio personalizador, que se articula como democratización del consumo de modelos por la vía de la serialidad y la ética novedosa del crédito y la acumulación no productiva. Hoy el glamour de las mercancías aparece como nuestro paisaje natural, allí nos reconocemos y nos encontramos con «nosotros mismos», con nuestros ensueños de poder y ubicuidad, con nuestras obsesiones y delirios, con los desperdicios psíquicos en el escaparate de la publicidad —verdadero espejo que nos devuelve nuestra imagen deformada— una verdadera summa espiritual de nuestra civilización, el repertorio ideológico de la desinhibición.
El carácter distintivo del American way of life, de la última sociedad primitiva contemporánea se escenifica en las formas del distanciamiento, en el paisaje, en los grandes desiertos y carreteras de ese país que deja entrever una profunda soledad, las inclinaciones thanáticas que yacen bajo el optimismo americano; la decrepitud del capitalismo tardío en la tierra de las oportunidades, del american dream convertido en el insomnio incontenible de la banalidad y la indiferencia; los Estados Unidos han realizado la desterritorialización de la identidad, la diseminación del sujeto y la neutralización de todos los valores y, si se quiere, la muerte de la cultura bajo el régimen de la mortandad de los objetos. En este sentido es una cultura ingenua y primitiva, no conoce la ironía, no se distancia de sí misma, no ironiza sobre el futuro ni sobre su destino; ella sólo actúa y materializa su política de Estado. Norteamérica realiza así sus sueños y sus pesadillas.

La identidad prefabricada

Vivimos en un universo frío, la calidez seductora, la pasión de un mundo encantado es sustituida por el éxtasis de las imágenes, por la pornografía de la información, por la frialdad obscena de un mundo desencantado. Ya no por el drama de la alienación, sino por la hipertrofia de la comunicación que, paradojalmente, acaba con toda mirada o, como dirá Baudrillard[1], con toda imagen[2] y, por cierto, con todo reconocimiento.
El desafío de la diferencia, que constituye al sujeto especularmente, siempre a partir de un otro que nos seduce o al que seducimos, al que miramos y por el que somos vistos, hace que el solitario voyeurista ocupe el lugar del antiguo seductor apasionado. Somos, en este sentido, ser para otros y no sólo por la teatralidad propia de la vida social, sino porque la mirada del otro nos constituye, en ella y por ella nos reconocemos. La constitución de nuestra identidad tiene lugar desde la alteridad, desde la mirada del otro que me objetiva, que me convierte en espectáculo. Ante él estoy en escena, experimentando las tortuosas exigencias de la teatralidad de la vida social. Lo característico de la frivolidad es la ausencia de esencia, de peso, de centralidad en toda la realidad, y por tanto, la reducción de todo lo real a mera apariencia.
El éxito de la identidad prefabricada radica en que cada uno la diseña de acuerdo con lo que previsiblemente triunfa –los valores en alza[3]–. La moda, pues, no es sino un diseño utilitarista de la propia personalidad, sin profundidad, una especie de ingenuidad publicitaria en la cual cada uno se convierte en empresario de su propia apariencia.

Efectos de desaparición

La fragmentación de las imágenes construye una estética abstracta y laberíntica, en el que cada fragmento opera independiente pero, a su vez, queda encadenado al continuo temporal de un instante narrativo único. Podemos retener el mundo entero en nuestras cabezas.
La aceleración y los estados alterados de la mente. Los psicotrópicos. La representación electrónica de la mente en la cartografía del hipertexto. Las autopistas de la información, donde todo acontece sin tener siquiera que partir ni viajar. Es la era de la llegada generalizada, de la telepresencia, de la cibermuerte y el asesinato de la realidad. El mundo como una gran cámara de vacío y de descompresión. Como la ralentización de la exuberancia del mundo.
Imágenes de la gran urbe, fragmentos de los últimos gestos humanos reconocibles. Los sujetos indiferentes a la presencia de la cámara se mueven según el ritmo de sus propios pensamientos.
Imágenes en movimiento: la estación del Metro de Tokio, súper-carreteras, aviones supersónicos, televisores de cristal líquido, nano-ordenadores, y otros tantos accesorios que nos implantan una aceleración a la manera de otras tantas prótesis tecnológicas. Es la era del cyber-reflejo condicionado, del vértigo de la cibermúsica, de los fundidos del inconsciente en una lluvia de imágenes digitales, vértigo espasmódico de señales que se encienden y apagan, del gesto televisivo, vértigo espasmódico de señales que se encienden y se apagan, del gesto neurótico y ansioso del zapping o el molesto corte del semáforo en las esquinas que parasitan el sistema de interrupciones artificiales y alimentan nuestra dependencia de los efectos especiales.

La sociedad del espectáculo

La moda ha contribuido también a la construcción del paraíso del capitalismo hegemónico. Sin duda, capitalismo y moda se retroalimentan[4]. Ambos son el motor del deseo que se expresa y satisface consumiendo; ambos ponen en acción emociones y pasiones muy particulares, como la atracción por el lujo, por el exceso y la seducción. Ninguno de los dos conoce el reposo, avanzan según un movimiento cíclico no-racional, que no supone un progreso. En palabras de J. Baudrillard: “No hay un progreso continuo en esos ámbitos: la moda es arbitraria, pasajera, cíclica y no añade nada a las cualidades intrínsecas del individuo”[5]. Del mismo modo es para él el consumo un proceso social no racional. La voluntad se ejerce –está casi obligada a ejercerse– solamente en forma de deseo, clausurando otras dimensiones que abocan al reposo, como son la creación, la aceptación y la contemplación. Tanto la moda como el capitalismo producen un ser humano excitado, aspecto característico del diseño de la personalidad en sociedad del espectáculo.
La sociedad de consumo supone la programación de lo cotidiano; manipula y determina la vida individual y social en todos sus intersticios; todo se transforma en artificio e ilusión al servicio del imaginario capitalista y de los intereses de las clases dominantes. El imperio de la seducción y de la obsolescencia; el sistema fetichista de la apariencia y alienación generalizada[6].

El juego de las apariencias

La tesis de Baudrillard es que la peor de las alienaciones no es ser despojado por el otro, sino estar despojado del otro; es tener que producir al otro en su ausencia y, por lo tanto, enviarlo a uno mismo. Si en la actualidad estamos condenados a nuestra imagen, no es a causa de la alienación, sino de su fin, es decir, de la virtual desaparición del otro, que es una fatalidad mucho peor.
Ver y ser vistos, esa parece ser la consigna en el juego translúcido de la frivolidad. El así llamado momento del espejo, precisamente, es el resultado del desdoblamiento de la mirada, y de la simultánea conciencia de ver y ser visto, ser sujeto de la mirada de otro[7], y tratar de anticipar la mirada ajena en el espejo, ajustarse para el encuentro. La mirada, la sensibilidad visual dirigida, se construye desde esta autoconciencia corpórea, y de ella, a la vez, surge el arte, la imagen que intenta traducir esta experiencia sensorial y apelar a la sensibilidad en su receptor.
Nuestra soledad demanda un espejo simbólico en el que poder reencontrar a los otros desde nuestro interior. Buscamos en el espejo la unidad de una imagen a la que sólo llevamos nuestra fragmentación.
Con estupor tomamos las últimas fotografías posibles, un patético modo de certificar la experiencia o de convertirla en colección. Pareciera que la fotografía quiere jugar este juego vertiginoso, liberar a lo real de su principio de realidad, liberar al otro del principio de identidad y arrojarlo a la extrañeza. Más allá de la semejanza y de la significación forzada, más allá del "momento Kodak", la reversibilidad es esta oscilación entre la identidad y el extrañamiento que abre el espacio de la ilusión estética, la des-realización del mundo, su provisional puesta entre paréntesis.
Como en La invención de Morel[8] donde un aparato reproduce la vida (absorbiendo las almas) en forma de réplica, en forma de mera proyección. Los Stones como souvenir de sí mismos proyectados en el telón del escenario giratorio. La envidiable decreptitud de Mick Jagger con una delgadez mezquina y ominosa, como si fuera su propia narcótica reliquia.
Los rostros del otro, rostros distantes a pesar de su cercanía, ausentes a pesar de su presencia, los miramos sin que ellos nos devuelvan la mirada. La alteridad no es más que un espectro, fascinados contemplamos el espectáculo de su ausencia. Tal vez los Stones estén muertos y nadie lo sepa. Tal vez sea una banda sustituta la que por enésima vez sacuda el mundo cuando comience su nueva gira por las ciudades de la Gran Babilonia.

Disney World y el principio de realidad

Vivimos en un universo extrañamente parecido al original -las cosas aparecen replicadas por su propia escenificación -señala Baudrillard[9]. Como Disney World que es un modelo perfecto de todos los órdenes de simulacros. En principio es un juego de ilusiones y de fantasmas: los Piratas, la Frontera, el Mundo Futuro, etcétera. Se cree a menudo que este 'mundo imaginario' es la causa del éxito de Disney, pero lo que atrae a las multitudes es, sin duda y sobre todo, el microcosmos social, el goce religioso, en miniatura, de la América real, la perfecta escenificación de los propios placeres y contrariedades. La única fantasmagoría en este mundo imaginario proviene de la ternura y calor que las masas emanan y del excesivo número de dispositivos aptos para mantener el efecto multitudinario. El contraste con la soledad absoluta del parking —auténtico campo de concentración—, es total. O, mejor: dentro, todo un abanico de 'gadgets' magnetiza a la multitud canalizándola en flujos dirigidos; fuera, la soledad, dirigida hacia un solo dispositivo, el “verdadero”, el automóvil. Por una extraña coincidencia (aunque sin duda tiene que ver con el embrujo propio de semejante universo), este mundo infantil congelado resulta haber sido concebido y realizado por un hombre hoy congelado también: Walt Disney, quien espera su resurrección arropado por 180 grados centígrados. De cualquier modo es aquí donde se dibuja el perfil objetivo de América, incluso en la morfología de los individuos y de la multitud. Todos los valores son allí exaltados por la miniatura y el dibujo animado. Embalsamados y pacificados. De ahí la posibilidad  de un análisis ideológico de Disney: núcleo del “american way of life”, panegírico de los valores americanos, etc., trasposición idealizada, en fin, de una realidad contradictoria. Pero todo esto oculta una simulación de tercer orden: Disney existe para ocultar qué es el país “real”, toda la América “real”, una Disneylandia (al modo como las prisiones existen para ocultar la “lacra” que es todo lo social en su banal omnipresencia, reduciéndolo a lo estrictamente carcelario). Disneylandia es presentada como imaginaria con la finalidad de hacer creer que el resto es real, mientras que cuanto la rodea, Los Ángeles, América entera, no es ya real, sino perteneciente al orden de lo hiperreal y de la simulación. No se trata de una interpretación falsa de la realidad (como la ideología), sino de ocultar que la realidad ya no es la realidad y, por tanto, de salvar el principio de realidad.
Sería un error minimizar la relación entre estos fenómenos y el origen de la personalidad narcisista, que no conoce límites entre ella misma y el mundo que exige la gratificación inmediata de sus deseos, así como la erosión de la vida intima tenida lugar a través de la relaciones sociales que se tratan como pretextos para la expresión de la propia personalidad. La transformación de la vida pública en un ámbito donde “la persona puede escapar a las cargas de la vida familiar idealizada... mediante un tipo especial de experiencia, entre extraños o, más importante aún, entre personas destinadas a permanecer siempre como extraños”, y donde una silenciosa y pasiva masa de espectadores observa la extravagante expresión de la personalidad de unos pocos en la “sociedad del espectáculo”, donde los medios de “comunicación” nos escamotean y disuelven el presente con las fanfarrias del último estelar televisivo.
La construcción del sentido social se desplaza del espacio de la política, hacia un mundo que no tiene historia, sólo pantalla. Son las nuevas formas de producción, las de un nuevo universo simbólico en donde se resignifican las viejas utopías mediante un proceso de descontextualización que las convierte en imágenes sin historia; en mercancías.
En esos mismos medios de comunicación se desplazan hoy los actores políticos jugando su rol hegemónico en la construcción de sentido en tanto perpetran el secuestro de nuestra moral. La fe pública violada ha creado las condiciones para el desprestigio de lo político y con ello el de nuestras instituciones, qué puede extrañar entonces del robo hormiga de las grandes transnacionales, la extorsión «irrepresentable», sólo cognoscible por medio de una compleja organización multinacional articulada según un modelo gansteril. Nuestra vida cotidiana esta así signada por las abusivas relaciones mercantiles que experimentan una creciente densidad así como una significativa disminución de las relaciones interpersonales sin fines de lucro.
Pese a todo, incluso la personalidad de las celebridades esta sujeta a los procesos de obsolescencia y caducidad, al fenómeno postmoderno de la «sacralidad impersonal». La obsolescencia de los objetos se corresponde con la de los rock stars y gurús intelectuales; con la multiplicación y aceleración en la rotación de las «celebridades», para que ninguna pueda erigirse en “ídolo personalizado y canónico”. El exceso de imágenes, el entusiasmo pasajero, determinan que cada vez haya más “estrellas” y menos inversión emocional en ellas, los revival son fenómenos de “nostalgia decretada” ideadas como estrategias de marketing por algún ejecutivo de una compañía multimedia.
Maś allá de la “sociedad del espectáculo”[10] y “el imperio de lo efímero” se instala la “norma de consumo” en el plano de las necesidades sociales, también gobernadas por dos mercancías básicas: la vivienda estandarizada, lugar privilegiado de consumo, y el automóvil como medio de transporte compatible con la separación entre el hogar y el sitio de trabajo. Ambas mercancías —y en especial, desde luego, el automóvil— fueron sometidas a la producción masiva y la adquisición de ambas exige una «amplia socialización de las finanzas» bajo la forma de nuevas o ampliadas facilidades de crédito (compra a plazos, créditos, hipotecas, etc.). Más aún, las dos mercancías básicas del proceso de consumo masivo crearon complementariedades (crédito hipotecario y automotriz) que producen una gigantesca expansión de las mercancías, apoyada por una diversificación sistemática de los valores de uso. El individuo se ve obligado a elegir permanentemente, a tomar la iniciativa, a informarse, a probarse, a permanecer joven, a deliberar acerca de los actos más sencillos: qué automóvil comprar, qué película ver, qué libro leer, qué régimen o terapia seguir. El consumo obliga a hacerse cargo de sí mismo, nos hace “responsables”, se trata así de un sistema de participación ineludible[11].

El régimen de la mortandad de los objetos

El dispositivo que activa este sistema de “obsolescencia acelerada” —que impera a consumir compulsivamente— consiste en convencer al consumidor que necesita un producto nuevo antes que el que ya tiene agote su vida útil y funcionalidades. Ésta es una de las tareas de los diseñadores: acelerar la obsolescencia. A este respecto el automóvil ha sido un caso paradigmático de las obsolescencias decretadas del estilo, asociadas a las imágenes de prestigio y estatus que le rodean.
Así, el propósito es hacer que el cliente este descontento con su actual automóvil, su cocina, sus pantalones, etc., porque esta “pasado de moda”. Ya no debe esperarse que las cosas se acaben lentamente. Las sustituimos por otras que si bien no son, necesariamente, más efectivas, son más atractivas. Pese a todo es difícil discernir la frontera entre progreso técnico real y obsolescencia del diseño y —más aún— sustraerse al influjo de estos condicionamientos.
Siempre los objetos han llevado la huella de la presencia humana[12], pero ahora no son sus funciones primarias (el cuerpo, los gestos, su energía...) las que se imponen sino las superestructuras las que se dejan sentir. Así, el objeto automatizado representa a la conciencia humana en su autonomía, su voluntad de control y dominio. Ese poder va más allá de la prosaica funcionalidad —y de eso saben mucho los vendedores de automóviles—. El objeto es irracionalmente complicado, se llena de detalles superfluos y viaja en su juego de significaciones mucho más allá de sus determinaciones objetivas.
El automóvil es un signo de poder, de refugio, una proyección fálica y narcisista,  que —según Baudrillard— reúne “la abstracción de todo fin práctico en la velocidad, el prestigio, la connotación formal, la connotación técnica, la diferenciación forzada, la inversión apasionada y la proyección fantasmagórica”[13].10
El ejemplo del automóvil es paradigmático. A éste muy rápidamente se le sobrecargó de funciones parasitarias de prestigio, de confort, de proyección (fálica) inconsciente... que frenaron y después bloquearon su función de síntesis humana[14].
El consumo, como se ve, no es la base sobre la que descansa el progreso, sino más bien la barrera que lo estanca o, al menos, lo lanza en la dirección contraria a la de la mejora de las relaciones sociales. El espíritu que realmente funciona es el de la fragilidad de lo efímero, una compulsión que se debate de forma recurrente entre la satisfacción y la decepción y que permite ocultar los verdaderos conflictos que afectan a la sociedad y al individuo.

Aspectos “mitológicos” y nemotecnia del consumo; la acumulación y el derroche

Baudrillard habla[15] de un gran happening colectivo dominado por el espectáculo de la mortalidad impuesta y organizada de los objetos, por su artificial obsolescencia, pero sabe que esa imposición no es sólo una consecuencia del orden de producción capitalista. Es difícil saber qué género de instinto de muerte del grupo, qué voluntad regresiva domina todo ese ceremonial que, bien pensado, recuerda a ciertas ceremonias salvajes como la del potlach. Potlach es una práctica antes que un concepto, parte de un lenguaje perdido en la Historia, pero aun vivo en ciertos ritos modernos: el sexo, el banquete y la embriaguez de la danza, «donde se ve que la dispersión no va hacia el sin sentido, sino que es una modalidad de encuentro con el sentido que pasa a través de la pérdida de centralidad del sujeto». Una economía ya no basada en la acumulación sino en el derroche, en el goce de lo producido. Nuestras sociedades viven de la acumulación de lo que producen, vigilan este excedente de forma celosa. En cambio, cuando se habla de Potlach nos referimos a los experimentos históricos basados en el gasto improductivo, al disfrute y la prodigalidad.
Finalmente nos resta por analizar el aspecto «mitológico» del capital y la sacralización de sus productos más emblemáticos: la Coca Cola, el Cadillac, los Mac Donald's. Los aspectos ideológicos del consumo rebasan los límites de la organización política para instalarse en el inconsciente colectivo y los usos rituales de una población. Se busca implantar sobre bases afectivas y nemotécnicas un nuevo y particular ethos, una forma de ir por el mundo, ya no como recolector o cazador, ni siquiera como consumidor, sino como el agente del desperdicio, carácter que surge sólo desde la conciencia de la prosperidad, la abundancia y el lujo.
Para estimular el flujo de la mercancía, a través del desperdicio y el derroche, entendida éste como clave de la prosperidad futura del mercado, se opera en varias direcciones. Primeramente —en el plano ideológico— contra el pensamiento orientado al ahorro, mentalidad difícil de desarraigar ya que corresponde a una práctica ancestral de la humanidad, la de precaverse para el desconocido y con frecuencia temido día de la escasez[16].
Por otra parte está la vertiente sentimental y poética del diseño, que se corresponde con una novedad metodológica importante, la apelación a la memoria emotiva. La vertiente sentimental de la mercadotecnia se refiere a la persistencia aún en los nuevos productos de un elemento visual implícito que marque una filiación con el pasado, asegurando la continuidad histórica en la espesa trabazón de los objetos. Casi sin excepción los nuevos diseños incluyen un ingrediente que los especialistas denominan «forma sobreviviente». Deliberadamente se incorpora al producto un detalle evocador que recordará a los usuarios un artículo similar, de uso semejante, tenido en una buena tarde o un feliz verano. La gente aceptará más fácilmente algo nuevo, sostienen los expertos en innovación, si reconocen en ello algo que surge “orgánicamente” del pasado. Al incluir un patrón familiar en una forma nueva, sea o no radical, se podrá hacer aceptable aún lo más inusitado, productos y usos que de otro modo rechazarían.
Esta es una de las causas del amor disfuncional que le profesamos a los objetos, aquel que los abraza a la vez que los rechaza. La misma dualidad entre coleccionismo y desperdicio da cuenta de esta ambivalencia.
Por una parte está el individuo que colecciona desde sellos de correos hasta alfombras persas, y se siente así impulsado a «realizarse» en el placer que supone la posesión de un conjunto de objetos, donde la idea misma de colección está directamente vinculada a la posesión —no funcional— por encima de la necesidad, es decir, a la riqueza y por otra las maneras de «usar» el excedente como desperdicio. Aquí es posible identificar otra forma de mitología, la de ciertas lógicas capitalistas, según la cual a épocas de prosperidad, cuando la economía se expande y el crecimiento del producto es sostenido, le debiera seguir o suceder tiempos donde el beneficio —en razón de los excedentes— alcance a toda la población, incluso a la más desfavorecida, esto de acuerdo a la conocida estrategia de «crecimiento y chorreo» que dominó el «paraíso» neoliberal del Chile de los 80'. Pero en realidad esto nunca sucedió, en su lugar advino la acumulación —incluso— del excedente; nuevas formas de codicia y de fraude fiscal terminaron por ahogar esta promesa escatológica del libre mercado.
Como homenaje a Jean Baudrillard
(a una semana de su sensible fallecimiento)
marzo de 2007
[*] Adolfo Vásquez Rocca es Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y ha cursado estudios de Postgrado en la Universidad Complutense de Madrid.







viernes, 20 de septiembre de 2013

El deseo (Lic.Vilma Calcich)





El “deseo”, concepto profundamente ligado al psicoanálisis, puede ser definido, como un impulso psíquico, orientado a la consecución del placer, y tendiente a evitar situaciones de displacer. Es decir, que el deseo, se mueve según el eje placer/displacer.
Si pensamos en el origen del deseo, como surge en el ser humano, según Freud, si tomamos el ejemplo de un recién nacido, en el momento de ser amamantado o instantes antes, podemos decir que siente hambre. El hambre, aparece vinculado con un estado de necesidad, necesidad de alimento.  Este hambre, determina que en el momento que la madre, a la que denominaremos objeto, calma la necesidad, es decir, le da el pecho al bebé, o la mamadera, por ejemplo, se constituye lo que Freud llama “una experiencia de satisfacción”.
Esta “experiencia de satisfacción”, genera, entonces, una “huella o imagen mnémica” que va a explicar lo que sucede entre el sujeto (bebé) y el objeto (madre).
A esta altura, sería imposible diferenciar deseo de necesidad, esta diferenciación se va a ir logrando paulatinamente, cuando a partir de las primeras experiencias se constituyan estructuras: en términos de deseo, en un primer momento, no se podría hablar de un inconsciente, así tampoco de consciencia, ya que estamos hablando de un aparato psíquico en gestación. Estamos tratando de analizar un proceso difícil de ubicar en el tiempo de evolución del bebé, como un modelo de interpretación de los orígenes del deseo: una vez que aparece nuevamente el estado de necesidad (en un segundo momento), surge un impulso que tiende a la recarga (piénsenlo en términos físicos, si les resulta más fácil), de aquella primera huella mnémica que antes llamamos “experiencia de satisfacción”.
A esta recarga la llamaremos “alucinación”, (percepción del sujeto), es decir, se tiende, a una percepción idéntica a aquella que ocurrió la primera vez, en donde ha dejado su huella el objeto. En otros términos, cuando reaparece el estado de necesidad, surge el impulso, pero en determinado momento el impulso psíquico o deseo, no va a recargar totalmente a la primitiva huella mnémica, por acción de lo que Freud denomina la “capacidad inhibitoria del Yo”, lo que va a permitir, por ejemplo que el bebé sea capaz de esperar la aparición del objeto-madre para alimentarlo (es decir, se produce una suerte de desplazamiento de esa energía psíquica en movimiento desde el interior, hacia el exterior, hacia aquello capaz de calmar la necesidad. Se trata de abandonar entonces la carga de la experiencia primera de satisfacción, orientándola hacia el medio externo).
Una vez que esto se desarrolle y esta capacidad de inhibición del Yo se instale como censura, o como represión, entonces el deseo va a permanecer en el lugar de lo inconsciente. La permanente insatisfacción que vivimos nos lleva a seguir buscando el objeto, pero no se lo encuentra nunca porque no existe, y si existió alguna vez, no sabemos qué fue. Esto significa que se busca la primera satisfacción (lograda a través del objeto primario o madre). Esta experiencia de satisfacción aparece generando la  “huella mnémica”, que va a explicar lo que sucede entre el sujeto y el objeto. Lo más cercano al objeto son las representaciones del objeto (representaciones de la primera experiencia de satisfacción, toda la información que ha entrado por la vía de los sentidos, como datos respecto del objeto, que van a dejar una huella en el inconsciente) no el objeto mismo.


jueves, 29 de agosto de 2013

PROGRAMA 2013

Programa de Psicología Motivacional 

I Fundamentación

El abordaje de la motivación, como concepto, es elaborado a partir de una perspectiva psicoanalítica, psicológica y social. Sin embargo, si bien la construcción del programa está pensada desde un análisis interdisciplinario, dado que la conducta motivada, excede los límites de lo psicológico, consideramos indispensable que el alumno tenga, para poder realizar dicho análisis, una vectorización de la teoría freudiana, que hasta el momento de cursar esta materia no ha sido abordada en profundidad. Si bien existen en la currícula de la carrera otras asignaturas sobre psicología, la psicología motivacional permite ahondar en todo lo respectivo a la constitución de la personalidad del sujeto, clave para entender su comportamiento en la comunicación y en la conformación de la imagen institucional. La teoría psicoanalítica ha sido el fundamento para teorizaciones posteriores que permiten abordar al sujeto desde múltiples perspectivas, de allí su necesidad para una lectura interdisciplinaria.

II Objetivos generales

Los objetivos deberán fijarse en concordancia a la delimitación teórica- conceptual realizada, considerando las características de la población a involucrarse en el proceso de aprendizaje. Como objetivos principales, el alumno podrá realizar una lectura interdisciplinaria de la conducta motivada, atravesada por los conceptos de diversas teorías, tanto para articularlas o para despejar las diferentes variables que determinan dicha conducta. • Poder aplicar los conceptos teóricos a la realidad de un contexto laboral – institucional • Analizar una institución articulando las temáticas desarrolladas tanto en las clases teóricas como en las clases prácticas • Enmarcar la motivación y sus desencadenantes, articulando la dinámica de las motivaciones inconscientes, desde el mundo fantasmático y la realidad externa, tomando como desencadenantes objetos de consumo, incentivos laborales, organización empresarial, imagen institucional, etc. • Diagnosticar una conducta motivada con elementos de las diferentes corrientes psicológicas

III Unidades Programáticas

Unidad N°1

La motivación dentro del marco de la teoría psicoanalítica Motivación y deseo. Realidad psíquica y realidad material. Su articulación y/o complementariedad. Deseo. Lenguaje. Sexualidad Filogenia y ontogenia en la estructura del aparato psíquico. Primera tópica freudiana. Sus instancias. Consciente – preconsciente – insconsciente. Funciones de cada instancia. El proceso de la motivación dentro de este sistema. Modelo del deseo en la estructura freudiana. Experiencia de satisfacción. Leyes del proceso primario y secundario. El objeto del deseo. Su variabilidad y desplazamiento. Relación libidinal con los objetos Diferencia entre pulsión e instinto Relación Sujeto – objeto. Diferentes formas de relación a partir de la representación. Concepto de instinto. Sus componentes. Concepto de pulsión. Fuente. Objeto. Meta. Finalidad. Primer modelo pulsional. Pulsiones de autoconservación. Pulsiones sexuales. Conflicto psíquico. El narcisismo y su relación con los objetos Concepto de narcisismo. Su génesis. Yo ideal – ideal del yo. Libido yoica y libido objetal. Las implicancias de los imaginarios colectivos en la motivación. Narcisismo e Imagen. La fantasía como motor de conductas Concepto de fantasía. Fantasías diurnas y fantasías inconscientes. Su ubicación en el aparato psíquico. Origen y elementos que la conforman. Sus implicancias en la conducta motivada. Complejo de Edipo Concepto de falo. Asimetría del complejo de Edipo. Sepultura del complejo de Edipo. Identificación y elección del objeto.
Bibliografía

 1.J. Laplanche, J.B. Pontalis, Diccionario de Psicoanálisis. Ed. Labor Instinto. Deseo. Pulsión. Libido. Experiencia de satisfacción. Representación de palabra. Representación de cosa. Energía libre. Energía ligada. Principio de placer. Principio de realidad. Juicio de condenación. Fantasía. Fantasía diurna. Fantasía inconsciente. Consciente. Preconsciente. Inconsciente. Conflicto psíquico. Narcisismo. Libido yoica. Libido objetal. Elaboración psíquica. Principio de constancia. Identificación abreacción. Complejo de Edipo. Falo. Formación de compromiso o transaccional. Elección de objeto u objetal.
2. Masotta, Oscar. El modelo pulsional. Catálogos Editora. Capítulo I Lecciones de Introducción al psicoanálisis. Gesida. Puntos I y II
3.Freud, Sigmund. Teoría general de la neurosis. Conferencia XX. La vida sexual. Biblioteca Nueva. Introducción al Narcisismo. Capítulos I y II. Biblioteca Nueva.
4.Delgado Suarez, Jennifer, De cómo Freud, su sobrino y una caja de cigarrillos cambiaron el mercado norteamericano, 22/03/2010 (disponible en http://www.rinconpsicologia.com/2010/03/de-como-freud-su-sobrino-y-una-caja-de.html)
5.Franco Chávez, María del Carmen, El Psicoanálisis y el Sujeto en el nuevo siglo, Revista Carta Psicoanalítica Nº 14 “Psicoanálisis y cultura. Cien años con Lévi-Strauss”, Junio de 2009 (disponible en: http://www.cartapsi.org/spip.php?article31&PHPSESSID=4922b0539c05e4524eb62636fff1eebb) 6.Sara Sutton, Ética y Comunicación. Una mirada desde el psicoanálisis. Junio de 2011(disponible en: http://observatoriodeinvestigacion.blogspot.com.ar/2011/06/etica-y-comunicacion-una-mirada-desde.html)

Unidad N°2

Lenguaje. Comunicación. Significante. La comunicación intersubjetiva. El sujeto del conocimiento. Relación entre significante y significado. La imagen como lugar de reconocimiento. Juicio de existencia. Ruptura de la ilusión de la comunicación sin falta. Irrupción del sin sentido Formaciones del insconsciente. Síntomas. Actos fallidos. Chistes. Sueños. Vaciamientos de sentidos. El lenguaje como vía de comunicación o como expresión del deseo. El sujeto del psicoanálisis vs. El sujeto racionalista. Ruptura del paradigma racionalista.

Bibliografía

1.Pasquini Mónica Ficha de cátedra: Comunicación intersubjetiva y comunicación en falta.
2.Pasquini Mónica Ficha de cátedra: El sujeto del psicoanálisis.
3.Masotta Oscar. Lecciones de Introducción al psicoanálisis. Gesida. Capítulo III.
4.Wilensky, Alberto. Marketing Estratégico. Parte I. Punto II. La demanda. Punto III. Parte Modelo de segmentación vincular. Parte II. Punto IX. Los fenómenos del consumo. Editorial Tesis, 1998.
5.Javier Callejo, La construcción del consumidor global, Empiria Revista de Metodología de Ciencias Sociales, Número 16 (Julio – Diciembre 2008), UNED España
6.Scheinsohn, Daniel. Comunicación estratégica. Capítulo VII “El asunto público”, Capítulo I “El vínculo institucional”, Ediciones Macchi, 1996.
7.Chaves Norberto. La imagen corporativa. Ediciones Gilli. Capítulo II.
8.Garbett, Thomas. Imagen corporativa. Como crearla y proyectarla. Legis Fondo Editorial, Capítulos I y V. 9.Cirigliano, Gustavo. Manual de Relaciones Públicas. Editorial Humanitas, Capítulo VII.

Unidad N°3

La discordancia primordial entre sujeto y objeto. Introducción a la segunda tópica freudiana. Yo. Superyo. Ello. Abreacción y elaboración psíquica. Compulsión a la repetición. Actuar vs. Recordar. Teoría traumática. Repetición y trauma. Representación de cosa y representación de palabra. Energía libre. Energía ligada. Segundo modelo pulsional. Pulsiones de vida vs. Pulsiones de muerte. Servidumbres del yo. La cultura y el bienestar del hombre Bienestar y desamparo. Concepto de indefensión. La felicidad como objeto a alcanzar. Los objetos de consumo y su relación con el deseo. El sufrimiento como amenaza. La insatisfacción del hombre en la cultura. Cultura y naturaleza.

Bibliografía

1.Pasquini Mónica Ficha de cátedra: Compulsión a la repetición.
2.Freud, Sigmund. Recuerdo, repetición y elaboración. 1914. Biblioteca Nueva.
3.Freud, Sigmund. La dinámica de la Transferencia. 1912. Biblioteca Nueva.
4.J. Laplanche, J.B. Pontalis, Diccionario de Psicoanálisis. Ed. Labor Pulsión de muerte. Pulsión de vida. Actuar. Compulsión a la repetición. Neurosis de destino. Superyo.
5.Freud, Sigmund. El malestar de la cultura. Capítulos I,II,III, IV,V. 1930. Biblioteca Nueva.
6.Maschwitz, Débora. Revista Imagen. Los secretos del rumor.
7.Scheinsohn, Daniel. Comunicación estratégica. Capítulo VIII, La comunicación, Ediciones Macchi. 8.Manjón Andrea. El Rumor. Ficha de Cátedra.
9.Arie de Gaus, La empresa viviente, Capítulo III Escenarios.

IV. Metodología de Trabajo

La materia se dictará en dos partes los días viernes en horario a confirmar. Una primera parte teórica en la que se expondrán y analizarán los contenidos de la asignatura y una segunda parte práctica que articula lo dado en la primera con las distintas temáticas de estudio de la carrera de Relaciones Públicas, en ésta los alumnos trabajarán con los textos seleccionados por la cátedra y harán un intercambio de los análisis surgidos entre ellos y el docente.

V. Sistema de regularidad y evaluación

Para alcanzar la condición de alumno regular de la materia se deberá cumplir con el 80% de la asistencia a las clases teórico – prácticas, cumplido con este requisito se les permitirá rendir los parciales que deberán ser aprobados con 4 (cuatro) o más puntos completando la exigencia curricular con una monografía grupal.

Sistema de evaluación

El modo de evaluación consta de dos parciales teórico – prácticos áulicos individuales y un trabajo práctico grupal desarrollando en una monografía. Parciales: serán de carácter áulico e individual y constarán de cuatro preguntas, dos de desarrollo teórico y dos de temáticas desarrolladas en los trabajos prácticos. La aprobación de los mismos requerirá 4 (cuatro) o más puntos y serán promediables entre sí. El objetivo de este tipo de instancias evaluadoras propone el alumnado una integración de los contenidos programáticos.

Trabajo práctico: será grupal (entre 4 y 6 integrantes), los alumnos deberán elegir una organización de tipo piramidal o un lugar turístico que les resulte accesible y sobre la misma deberán aplicar las premisas dadas. La libertad de elección del objeto a analizar propiciará en el alumno un trabajo práctico no sólo como formación teórica sino también para la promoción del crecimiento laboral y/o personal. El compromiso de la cátedra es no sólo la evaluación del mismo en función de la exigencia académica para la aprobación de la materia, sino también la supervisión de los datos obtenidos para poder brindar el aval necesario para su presentación en la institución correspondiente. El objetivo perseguido es motivar a los alumnos a comprometerse con sus distintos ámbitos, sean laborales, sociales, etc., que el resultado de los trabajos prácticos tenga una trascendencia de los estrictamente universitario para que aporte información al entorno.


Régimen de Promoción Directa:

Para acceder al régimen de promoción final sin examen final, el promedio entre ambas evaluaciones deberá ser 7 (siete) o más puntos y además el Trabajo Práctico grupal deberá obtener una calificación de 7 (siete) o más puntos que será promediable para la calificación final. Aprobación con Final Integratorio: Accederán a esta modalidad todos los alumnos que hayan cumplido con la regularidad de la cursada según las condiciones descriptas al comienzo y cuyo promedio de evaluaciones se encuentre entre 4 (cuatro) y 6 (seis) puntos. El examen final será oral de integración de todos los contenidos teórico – prácticos incluidos en el programa.

Aprobación con Final para la condición de alumno libre:

El alumno que opte por presentarse en condición de libre deberá remitirse al mismo programa vigente y deberá presentar el Trabajo Práctico en forma individual previo a la instancia de examen, el que será tutoreado por el docente a cargo de los Prácticos. Una vez aprobado este punto el alumno podrá dar examen libre. El mismo constará de una primera parte escrita que deberá aprobar para pasar a una segunda instancia oral y la aprobación deberá ser con 4 (cuatro) o más puntos. Criterios de acreditación. Los criterios para la aprobación de la materia tanto para la obtención de la regularidad como para la promoción directa implican que el alumno durante el transcurso del cuatrimestre esté en condiciones de analizar y especificar las diferentes líneas teóricas con los criterios suficientes para los múltiples abordajes que se practican en las instituciones en función del rol profesional. Dado que el alumno sistematiza por primera vez los conceptos básicos de la teoría psicoanalítica será condición la utilización del vocabulario específico de la misma como así también la lectura de la totalidad de la bibliografía. Será considerada también la entrega en tiempo y forma del Trabajo Práctico grupal que deberá contar con un mínimo de veinte páginas escritas en tipografía Times New Roman número 12.

VI. Bibliografía de Consulta.

Freud, Sigmund. Obras completas. Biblioteca Nueva. Madrid, España
Freud Sigmund 1899, .Los recuerdos encubridores.
1905. Psicopatología de la vida cotidiana, Punto I. Olvido de nombres propios, Punto III. Olvido de nombres y series de palabras, Punto V. Equivocaciones Orales.
1905. El chiste y su relación con lo inconsciente. Parte B, punto IV “El mecanismo del placer y la psicogénesis del chiste”. Punto V. Los motivos del chiste. El chiste como fenómeno social.
1907. El poeta y sus fantasmas.
1908. La novela familiar del neurótico.
1912. Algunas observaciones sobre el concepto de lo inconsciente.
1935. La sutileza de un acto fallido.
Said Eduardo: Desde el Psicoanálisis hacia el campo organizacional y el mercado. www.educ.gov.ar

De cómo Freud, su sobrino y una caja de cigarrillos cambiaron el mercado norteamericano. Por Jennifer Delgado Suarez)

¿Quién podría imaginarse que Sigmund Freud (que se mostró bastante crítico con las cosas made in USA) se convertiría en un contribuidor/autor indirecto del consumismo de la cultura occidental? La utilización del cigarrillo como un emblema de poder femenino y la difusión del tocino y los huevos como símbolo de la cultura norteamericana fueron dos de las primeras campañas publicitarias inspiradas en las ideas freudianas. La conexión entre la teoría psicoanalítica y la publicidad fue establecida por Edward L. Bernays (el padre de las relaciones públicas) y sobrino de Freud, por demás. Bernays nació en Viena en el 1891 pero creció en Nueva York. Su madre era hermana de Freud y su padre era el hermano de Martha Bernays (la esposa de Freud). Siempre mantuvo el contacto con su tío pues la familia a menudo se reunía con Freud para disfrutar de las vacaciones de verano en los Alpes. Bernays comenzó su carrera de formación de la opinión pública mediante la creación de una campaña mediática para crear una “conciencia” sobre las enfermedades venéreas y la hipocresía sexual. Sin embargo, el éxito de Bernays llegó al aplicar los principios del psicoanálisis a las relaciones públicas y a la publicidad, después de leer “Lecciones Introductorias al Psicoanálisis", una recopilación de Conferencias impartidas por Freud, que él mismo le regaló a su sobrino en agradecimiento por una caja de puros habanos (ya sabemos de la afición o adicción freudiana a los puros). En este caso los puros demostraron ser mucho más que un puro ya que condujeron a Bernays a una reconceptualización de sus ideas sobre la publicidad con el consecuente éxito que éstas tendrían. Intrigado por la idea de Freud sobre la incidencia de las fuerzas irracionales en el comportamiento humano, Bernays intentó aprovechar esas fuerzas para vender productos a sus clientes. En su libro de 1928, "Propaganda", Bernays lanzó la hipótesis de que mediante la comprensión de la mente del grupo, sería posible manipular el comportamiento de las personas sin que éstas se percataran. Para comprobar esta idea, Bernays lanzó uno de sus campañas publicitarias más famosas: convencer a las mujeres para que fumasen. Vale aclarar que en el año 1929 era considerado un tabú que las mujeres fumasen en público y aquellas que burlaran esta norma implícita eran consideradas sexualmente permisivas. También vale puntualizar que el cliente de Bernays no era otro que George Washington Hill, el presidente de la American Tobacco Company, que como podrán presuponer, estaba muy interesado en romper este tabú para ampliar el mercado de su producto. Bernays le pidió a Hill la autorización para consultar con los líderes newyorkinos del psicoanálisis y discípulos de Freud. Esta fue la primera pero no la última vez que Bernays consultaría con los psicoanalistas en la búsqueda de ayuda para moldear sus campañas de relaciones públicas. Así, cuando le preguntó al psicoanalista Brill qué simbolizaban los cigarrillos para las mujeres, su respuesta fue muy simple: “los cigarrillos son un símbolo del poder masculino”. De esta manera la campaña “Lucky Strike, antorchas de la libertad” estrenada el 1 de abril de 1929, se propuso a la masa femenina como un desafío al poder masculino. Bernays se procuró una lista de debutantes facilitada por el editor de la revista Vogue y lanzó la idea de que encender cigarrillos y tabaco en algunos lugares públicos como la Quinta Avenida, podría contribuir a la expansión de los derechos de la mujer. Por supuesto, la prensa fue advertida de antemano y no pudo resistirse a la historia. El "Desfile de Antorchas de la Libertad" fue cubierto no sólo por los periódicos locales, sino también por los periódicos nacionales e internacionales. Bernays estaba firmemente convencido de que vincular los productos con las emociones podría hacer que las personas se comportasen de forma irracional. Por supuesto, las mujeres no fueron más libres por la mera acción de fumar, pero el hecho de haber vinculado los cigarrillos con los derechos femeninos fomentó un sentimiento de independencia (con su consecuente resultado millonario para la American Tobacco Company y para el propio Bernays). Luego del éxito de esta campaña publicitaria vendría el contrato con la empresa de embalaje Beechnut que sufría un retraso en las ventas de uno de sus productos de carne esenciales: el tocino. Ya en su libro "Propaganda" Bernays había contrastado los principios conductistas para desarrollar una campaña publicitaria y las ideas freudianas. El "viejo estilo" de campaña conductista repetía un estímulo una y otra vez hasta crear un hábito en los consumidores, para esto inundaban con anuncios las páginas completas y posteriormente brindaban un incentivo o recompensa, generalmente en forma de cupones de descuento. Sin embargo, en la creación de esta nueva campaña al estilo freudiano, Bernays se preguntó: "¿Quién influye en lo que el público se come?" Su respuesta lo condujo a encuestar a los médicos y preguntarles si recomendarían un desayuno ligero o un desayuno abundante. Los médicos recomendaron un desayuno abundante y así le facilitaron el camino a Bernays para convencer a los estadounidenses a cambiar su habitual zumo, tostadas y café por el desayuno de huevos con tocino. De más está decir que esta campaña publicitaria fue todo un éxito. Pero… ¿estaba Freud al tanto de cómo su sobrino utilizaba los principios psicoanalíticos? ¿Había dado su consentimiento para utilizar sus ideas en las campañas publicitarias? Los historiadores aseveran que la totalidad de los detalles no la manejaba. No obstante, Justman afirma en su artículo: “Freud and His Nephew”, que Bernays le había enviado a Freud una copia de su libro: "Cristalizando la Opinión Pública" y la respuesta de Freud fue bastante lacónica: "He recibido tu libro. ... Como una producción verdaderamente americana me interesó mucho". A pesar de su respuesta sarcástica, al enfrentarse a su ruina financiera en Viena, Freud se vio obligado a pedir ayuda a su sobrino. Bernays le correspondió con la organización para publicar sus obras en Estados Unidos, lo cual le proporcionó a Freud cierta estabilidad financiera. Mientras la fama de Freud crecía Bernays le sugirió que podía promoverse a través de la redacción de artículos populares para la revista Cosmopolitan pero Freud rechazó de plano esta idea. Aunque Freud pudiese no objetar nada ante la utilización de sus ideas para manipular el mercado, se negaba abiertamente a participar en la cultura popular americana. ¿? Fuentes: Held, L. (2009) Psychoanalysis shapes consumer culture. APA; 40(11). Justman, S. (1994) Freud and His Nephew. Social Research; 61(2): 457-746.

EL PSICOANÁLISIS Y EL SUJETO EN EL NUEVO SIGLO Por María del Carmen Franco Chávez

Es un lugar común decir que los sujetos son hijos de su tiempo, es una verdad de Perogrullo; sin embargo, es importante hacer evidentes las características de “esos tiempos” y más importante aún, desentrañar por qué son así. Esas son las dos preguntas que guiarán este trabajo: ¿Cuál es el distintivo de la subjetividad del sujeto a principios del siglo XXI?, ¿Cuál es el papel del mercado en la constitución de ese sujeto? En ese sentido, en una primera parte se mencionarán y analizarán las características particulares de los nuevos tiempos, para en un segundo momento, analizar el fetichismo de las mercancías, el mercado y su relación con la constitución de la subjetividad, finalmente se propondrán algunos puntos a reflexionar. En principio debe aclararse el porqué no se habla de postmodernidad sino de “los nuevos tiempos” aunque para muchos no haya distinción alguna. La postmodernidad en sí misma impide una definición porque no se sabe dónde empieza y dónde termina, no tiene estructura, ni sistema, ni coherencia teórica. Aunque al parecer, la definición que parece más adecuada de postmodernidad para esta charla, es aquella que postula que lo posmoderno es la paradoja del futuro (post) anterior (modo) porque remite directamente al psicoanálisis en términos del tiempo del Inconsciente, aquello que sólo puede ser comprendido en retrospectiva; por eso se entiende que la obra, el texto, el discurso posmoderno tengan las propiedades de un acontecimiento y que lleguen tarde al autor mismo. En este caso se elige hablar de los nuevos tiempos porque de esa forma analizaremos esas características sin ponerles adjetivos, la elección de los escuchas determinará si son o no postmodernas. Algunas de esas características son las siguientes: − La desesperanza extrema de los sujetos, que ya no creen en nada ni en nadie, ya que la experiencia les ha demostrado que cualquiera que sea su elección, siempre será errónea porque siempre será irrealizable. − La imagen está por encima de las propuestas y de las convicciones ideológicas, la imagen se convierte en una mercancía vendible. − Los medios de comunicación se erigen como sustentantes de la verdad sin que hagan mayores cuestionamientos. − La insistencia en el aquí y ahora, el presente, lo inmediato sin importar lo demás, como si el presente no dependiera de las elecciones pasadas y el futuro de las que se tomen en el presente. − La pérdida de la fe en las instituciones, la creación de nueva formas de creencias, incluyendo las religiosas. − La pérdida de la fe en la razón y en la ciencia, que han terminado por generar más preguntas que respuestas. − El culto al cuerpo incluso como mercancía, por la sobrevaloración de la juventud. − Lo esotérico como respuesta a las preguntas sin respuestas de los sujetos. − La depredación de los recursos renovables y no renovables del planeta, al mismo tiempo, la toma de conciencia de ello. − La transgresión cínica de la ley, casi todo puede hacerse, siempre y cuando existan los medios para “comprar” al aparato judicial. − El tránsito de la economía capitalista hacia su forma de mayor sofisticación: economía de mercado. − Los mensajes de cualquier tipo, pierden importancia en el contenido y lo ganan en la forma. − Utilización y sobrevaloración de la tecnología. − El surgimiento de una multiplicidad de personajes que tienen impacto en zonas geográficas pequeñas, líderes populares de impacto localista que ya no detentan, en su mayoría, el punto de vista de la humanidad. Estas son algunas de las características de los nuevos tiempos, sólo para abundar en algunas de ellas podemos decir qué lo que era impensable antaño es posible ahora y lo qué es impensable hoy, puede ser posible mañana. Tan sólo la perspectiva científica ha variado su propio concepto. Una característica importante de los últimos tiempos, es que la ciencia, la tecnología, las tecnociencias, han variado la calidad de la vida de una manera impresionante. La manera, incluso, de cómo se constituyen las ciencias se ha visto alterada. Las posiciones filosóficas y epistemológicas han cambiado. Lo importante no es el hecho mismo, sino el cuestionamiento sobre lo que es un hecho. Lo importante ya no es el hecho sino su interpretación. Los derivados de la ciencia, los avances tecnológicos, que han transformado o hecho más cómoda (cosa que estaría en cuestionamiento) la vida en el planeta han llegado al extremo hasta ahora, de colocar en un mismo medio, en la red, la compra de un aparato, acceso a la pornografía, a la vida y obra de los filósofos, de los rockeros o los avances científicos de cualquier especialidad, así como a las nuevas teorías y a lo que se pueda imaginar. Incluso queda de manifiesto la contradicción de un sujeto que está conectado a la red teniendo charlas electrónicas con varios sujetos tal vez de otros países pero que al mismo tiempo se siente solo. Los puntos a cuestionar aquí son las preguntas de investigación que llevan y siguen generando los descubrimientos y sobre todo a sus aplicaciones. Parece que la respuesta que priva es siempre la ganancia: ¿cómo obtener más ganancia de cualquier actividad? ¿Cómo convertir esa actividad en mercancía? ¿Cómo ese descubrimiento científico puede ser aplicado y vender? Vender, que no necesariamente servir. Esa es desde su origen la lógica del capitalismo, la competencia por la posesión de determinadas mercancías y la obtención de ganancias a toda costa, no importa que se deprede la naturaleza y que se ponga en riesgo la existencia del ser humano. La ilusión que propician las mercancías en el sujeto que cree que mientras las posea, una tras otra, solventará la razón de su existencia, y, si para ello hay que matarse entre sí y extenuar a su proveedora de materia prima, (la naturaleza) pues que se haga. Sin embargo, a diferencia del pasado, de principios del siglo XX, hoy existe la conciencia, por lo menos de una parte de la humanidad de que la vida mercantil y de ganancia conducen al suicidio humano, sin embargo los dueños del gran capital no están dispuestos a perder ninguna ganancia. Otra característica de estos tiempos es la producción de mercancías, objetos de todo tipo, productos útiles que facilitan la vida en el planeta, que se convierten en objetos de deseo, permanente e inevitablemente insatisfecho, para luego pasar a ser objetos de desecho y no sólo eso, sino objetos inútiles, productos que se colocan en el mercado, que no satisfacen ninguna necesidad, sino que por el contrario, perjudican incluso la salud de los sujetos.[1] ¿Todo esto cuestiona, en el ámbito laboral, el trabajo realizado por cualquier sujeto que dedica de 8 a 16 horas para vivir? La respuesta evidente es si, cuestiona esa mercancía vendible que es la fuerza de trabajo, aunque el sujeto responda por su vida, el asunto de fondo es en qué posición está situado con respecto a su propia subjetividad, por la que tendrá que responder, como ser independiente; lo que tiene en común con los demás es otra cosa. ¿Qué cosa? ¿en qué consiste ese cuestionamiento? Parece que en los nuevos tiempos el sujeto no sólo vende su fuerza de trabajo, sino algo más, lo que paga el empleador no consiste en el tiempo que el individuo pueda trabajar, además del plusvalor de la mercancía, también está pagando fidelidad, creatividad, entusiasmo, en fin, casi una entrega total, una serie de valores que rayan en el servilismo y hacen dudar de la libertad de elección de trabajo. Ya que el empresario tiene a disposición muchísimos sujetos más de los cuales puede elegir si un sujeto particular no se adecua. Está en la empresa, aquel que se adapte a las necesidades del gran capital. Sea aquél que promueve un artículo de ninguna necesidad, aquél que planifica una estrategia del publicidad diseñando espacios, letras, etc, aquél que pasa 10 horas en la fábrica o bien aquél que da clases 60 horas a la semana para mantener su ritmo de vida, incluso aquél que plantea estrategias para incorporar su mercancía a mercados internacionales o el que diseña estrategias para países en vías de desarrollo y hace recomendaciones. Entre otras particularidades de estos tiempos se encuentra la sobrepoblación en países de bajo ingreso, la persistencia de la hambruna en países pobres. Esta situación también es un motivo de lucro, de lucrar políticamente con la vida de otros. Hoy por hoy, existen los recursos necesarios para enfrentar la hambruna y las catástrofes propias de la tierra, sin embargo, la ganancia no está dispuesta a invertir en ello[2]. Es más, al gran capital no le importa que haya “daños colaterales” que de suyo no son imputables a nadie, es decir, creación de más y más pobres, la degradación hasta la muerte, con tal de conserva y llevar al límite “la estabilidad del mercado”. La publicidad es engañosa, esa forma de comunicación donde lo importante no es el contenido, sino la forma de presentación, lo que quiere finalmente es vender, a través del posicionamiento de un artículo en el mercado, a pesar de su inutilidad para la vida, para la salud. Es más, en contra de la salud y de la vida. Lo que importa no es la salud de las personas ni su bienestar, eso ya se sabe, el discurso publicitario es así: cínico, diría Sloterdijk, lo que recuerda la posición de la perversión frente a la falta: Ya lo sé, pero aún así. Se concibe con pesadumbre y desesperanza en estos tiempos, que el ser humano está llegando a las últimas etapas de su existencia no sólo por la devastación del planeta, sino por la guerra, negocio millonario, la hambruna, el odio y demás crisis derivadas de la no resolución de la esencial, la escisión del sujeto. Ese fin de la humanidad es perfectamente posible. Sin embargo, no está demás decir que no sólo ahora es cuando la humanidad está en crisis. La crisis nació con ella. Con la cultura, con el sujeto. Si, el hombre está escindido, partido en dos, entre la inmediatez y el porvenir, dice Fullat, es decir está partido pero no desde hoy sino desde siempre. Ese es una de las consecuencias del descubrimiento freudiano: el inconsciente. La posmodernidad no hace, sino enfatizar la incertidumbre, desde la científica hasta la ética. En fin, la mayoría de estas particularidades confluyen en el mercado, casi todo ha devenido en mercancía, casi todo se puede comprar. Esa peculiaridad nos remite al siguiente apartado, ya que no se trata de mencionar sólo el aspecto fenoménico de esos rasgos de los nuevos tiempos sino tratar de analizar el porqué de esas singularidades. LAS MERCANCÍAS Y EL MERCADO De acuerdo con lo anterior, el análisis estaría incompleto si no tomamos en cuenta cómo se ha desarrollado el capital en los nuevos tiempos, para lo que necesariamente habría que recurrir de nuevo a Marx, pero en boca de Armando Bartra: “El capital ha penetrado hasta los últimos rincones y lo impregna todo, Amo y señor, el gran dinero devora el planeta asimilando cuanto le sirve y evacuando el resto. Y lo que excreta incluye a gran parte de la humanidad que en la lógica del lucro sale sobrando” En pocas palabras lo que no le sirve son desechos. Otro de los problemas fundamentales es que el gran capital deposita la responsabilidad en el individuo, por tanto mueren quienes no pueden competir. Pero en realidad lo que habría que decir es que se les deja morir, y eso, a todas luces es genocidio quizá lento y silencioso como señala Bartra, pero genocidio al fin. Pero también a decir de Bartra, se señala la paradoja del “entre”. Entre participar y no hacerlo, entre servir a los intereses del gran capital, entre dejarse llevar o luchar contra él. Se vive dentro y fuera, el gran capital “no mata, nomás taranta” (Bartra, 2008), pero al final mata, lento pero seguro. Esto es así porque en la economía de mercado, del mercado libre, aquél que se supone debía autorregularse[3], la libertad estriba en la obtención de ganancias, aunque tenga como consecuencias lo que se ha denominado “daños colaterales” como la pérdida de los empleos, el daño irreparable a la naturaleza, la pérdida de vidas, de cualquier cosa tangible o intangible en nombre de la ganancia. Los “daños colaterales” no son atribuibles a alguien específicamente, se provocan porque hay movimientos, así ese movimiento, elude lo que necesariamente provoca. Los “daños colaterales” están desperdigados en todos los ámbitos de las sociedades. El aumento de número de pobres es un ejemplo de “daño colateral”, esa nueva categoría de población antes ausente: la infraclase que para el mercado no sólo es absolutamente inútil, sino por lo mismo, indeseable. Así que los pobres son el daño colateral del mercado, han devenido en una molestia ya que no tienen nada que ofrecer a cambio de los desembolsos de los contribuyentes. Eso dice Bauman, quizá habría que matizar que sólo están ahí para el voto, para preservar la pobreza, el dinero que se les asigna a través de programas contra la pobreza es una mala inversión que nunca se recuperará, mucho menos redituará en ganancia económica. La pobreza es considerada, en términos económicos, como un agujero negro que succiona todo lo que se le acerca, que no devuelve nada, sin embargo la pobreza también puede ser un capital político, del que ya se sabe con antelación que no se superará, pero aún así se invierte en ella para su continuidad. Si esto es así, la visión globalizada de: “sin ellos estaríamos mejor”, resulta totalmente falsa, porque son necesarios para preservar esa situación. Sin embargo, en la fantasía, se trata de la exclusión del otro competidor, aquél que no puede. Así los niños y los ancianos principales beneficiarios de estos programas que no tienen nada que aportar, porque no tienen capacidad competencia, menos de consumo, son desechos, los orilleros a la manera de Bartra, los sobrantes a la manera de Forrester y lo que hay que hacer con los desechos es desaparecerlos. El mercado es inmoral dice Bartra, amparado en el libre mercado que no es más que una cortina de humo para intervenir cuando convenga a los intereses del gran dinero. No es la discusión en este caso determinar ni calificar si el mercado es inmoral, sin embargo si hay que preguntarse, analizar ¿cómo se genera? En primera instancia podríamos pensar en que escondidas en las mercancías se encuentra, el plusvalor, el lucro, la ganancia, más que el servicio, más que el valor de uso y abundando en ello, podríamos pensar que en realidad los generadores de productos no venden mercancías, venden otras cosas, cosas inasibles que se escapan al tratar de encontrarlas en los artículos, en las que existe siempre una distancia, una hiancia entre la mercancía que se vende y el producto que se compra, por ejemplo, el deseo de juventud, hombría, ternura, poder, seguridad, etc., eso lo sabe cualquier publicista. El mal según Bartra está en la perversión que ha sufrido el propio valor de uso, donde el objeto se vuelve contra el sujeto, las cosas contra los hombres. Las armas de cualquier tipo, por ejemplo, estos artefactos que están orientados contra la vida misma de los seres humanos, son el testimonio más incisivo de esa maligna voltereta, así la mercancía que sirve para desaparecer a esos otros, se cotiza muy alto y es un negocio altamente rentable que está por encima de las vidas humanas, que se convierten literalmente en desechos. La irracionalidad del gran dinero no es necesariamente cuando priva la cantidad por la calidad, o que el valor de cambio prive sobre el valor de uso, sino la peor irracionalidad es el lucro sobre todas las cosas, mercancías, modos de vida, sistemas de pensamientos e incluso la vida misma. Marx pensaba a propósito del fetichismo de las mercancías que: "El carácter misterioso de la forma mercancía estriba, por tanto, pura y simplemente, en que proyecta ante los hombres el carácter social del trabajo de éstos como si fuese un carácter material de los propios productos de su trabajo, un don natural social de estos objetos y como si, por tanto, la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social establecida entre los mismos objetos, al margen de sus productores". Bartra le da otra vuelta al fetichismo de la mercancía, porque en el capitalismo las mercancías se asumen valiosas intrínsecamente en tanto que “encarnan espectralmente” el valor. Pero, si es insensato atribuirle valor a algo por el hecho de que tiene código de barras, es doblemente insensato negárselo a un bien porque no tiene ese mismo código. También habría que agregar aquí el punto de vista de Žižek que habla de dos tipos de fetichismo, con sus respectivas consecuencias: el de las mercancías que se instala en la época capitalista y que propone la relación desfetichizada entre los sujetos, puesto que dos sujetos siguen su propio interés con el respaldo de la ley al buscar y encontrar un trabajo. Por otra parte el fetichismo de las relaciones entre los hombres, el fetichismo precapitalista, “las relaciones de dominio y servidumbre” de señores y siervos. Como si las desfechitización de las “relaciones entre los hombres” se pagara con el fetichismo de la mercancía. Así con el surgimiento del capitalismo, las relaciones de dominio se encuentran reprimidas y aparecen a través del síntoma que se presenta como igualdad, libertad y todos los valores de la “democracia”, es decir en lugar de aparecer manifiestamente, las relaciones existentes entre las personas, aparecen disfrazadas de relaciones sociales. Por eso dice Žižek que Marx inventó el síntoma. Si esto es así, se entienden como síntomas lo que plantean los tecnócratas neoliberales: tratar de vender la ilusión de la modernidad, siguiendo los pasos de otras naciones “avanzadas” esto tendría costos que había que soportar: los daños colaterales y el ajuste estructural, que serían ampliamente subsanados por el crecimiento de la economía y los desocupados resultantes del forzoso redimensionamiento de la agricultura seguramente encontrarían acomodo en la impetuosa expansión de la industria y los servicios. La realidad resultante es que no son requeridos ni como ejército de reserva. Los sujetos entonces, devienen también en mercancías se intercambian por otros valores y no sólo eso les deja el gran capital, sino que ahora tratan de serlo a toda costa, una mercancía útil para la empresa, tratando de ser ese sujeto que la empresa busca para explotarlo, para que reduzca los costos de fabricación. Mercancías al fin y al cabo cuyo fin será siempre el mismo: un objeto de desecho. Es así como el goce se expresa a través del síntoma, ya que a través de su satisfacción, paradójicamente se genera sufrimiento y, hay que aclararlo, no es ningún daño colateral, sino estructural. Si entendemos así los síntomas, podemos abundar en las características de los nuevos tiempos, como nuevas formas mercantiles sintomáticas. Casi todo se puede comprar, llegando al deplorable extremo de convertir a los sujetos mismos en mercancías, no sólo como fuerza de trabajo[4] o más allá de eso, sino mercancías que se compran para la diversión de los poderosos, baste mencionar los casos de pederastia, prostitución y pornografía infantil. De ahí en adelante, casi cualquier cosa, cuerpos esculpidos al gusto por un lado, títulos, calificaciones, ideas, convicciones, votos en las cámaras por una ley determinada[5], artefactos que no tienen demanda alguna y que la gente se desvive por tenerlos[6] lo que recuerda la propuesta brausteniana del discurso del mercado, sorpresivamente con la misma estructura del discurso del analista. Sujetos atrapados por el mercado. Ya no es identificable el dueño del capital, aquél enemigo tangible. El mercado tiene muchas caras, todas las grandes organizaciones financieras en las que no se identifica a nadie en particular como poseedor, ya no de los medios de producción, sino de acciones con las que se especula y se hace ganar o perder miles de empleos a favor de las ganancias. El sujeto del mercado. a → $ S₂ S₁ Donde el agente, el artefacto, la mercancía, no pide ni demanda, está ahí para que el otro, el sujeto tachado lo convierta en objeto causa de deseo, que se produzca un significante amo, algo inaugural al mismo tiempo y en el lugar de la verdad, el saber inconsciente. Un objeto causa de deseo que no demanda cosa alguna, si se sabe usar, bien, si no es así, tampoco pasa nada. Esto generará algún movimiento que remitirá necesariamente al saber inconsciente, el de la incompletud. Pero también de ser objeto causa de deseo, esa mercancía, ese artefacto, pasará a ser objeto de desecho, porque existirá un nuevo objeto causa de deseo, algo que tenga más memoria, más utilidades, esté más bonito, produzca más lo que sea. Sin embargo no se satisfará ninguna necesidad menos aún alguna pulsión, siempre quedará ese resto y es ahí donde aparecerán las nuevas presentaciones del psiquismo en el terreno individual, entiéndase por ello, los trastornos clínicos que estarán o no incluidos en la nueva versión del DSM. PUNTOS SOBRE LOS QUE HABRÁ QUE ABUNDAR • Slamonur Mrozek escritor polaco, compara al mundo en que vivimos “con un puesto de mercado lleno de vestidos de moda y rodeados de una multitud e “yoes” a la búsqueda (…) Uno puede cambiar de vestido las veces que quiera, así que los buscadores gozan de una fabulosa libertad (…) sigamos buscando nuestro yo real y es pura diversión, a condición de que nunca lo encontremos, porque si lo encontráramos, la diversión terminaría. Lo anterior da pie para pensar en esa búsqueda insaciable por esa cualidad, que no tienen las mercancías. Se ofrece cualquier objeto de consumo que podría completar al sujeto, pero entre eso y lo que el sujeto desea, existe una gran distancia. Por lo que siempre viene otra mercancía a sustituir a la anterior, cualquier objeto. Así, la metáfora sería la del coleccionista obsesivo, aquél al que cuando se le pregunta cuál es su pieza más valiosa, él contesta: la siguiente. Esa búsqueda continua, constante que permite no satisfacerse y seguir hacia adelante. • El Estado dice Bauman, entre otras funciones, convierte a los ciudadanos en actores y accionistas. Protectores y protegidos del sistema de “bienestar social” individuos con enorme interés por el bien común. Con la finalidad de convertir a la sociedad misma en un bien común, cuya posesión corresponde a todos gracias a la defensa contra los horrores de la miseria y la indignidad. Eso debería ser el Estado desde el punto de vista de este teórico. Pretensión ilusoria sobre la función del Estado, porque a pesar de que regula, no puede con el poder del mercado. La ley que distingue al Estado, no tiene influencia sobre el poder del mercado, ya que una vez que la ley opera, se pone de manifiesto su hendidura y por ahí se genera la evasión misma de su cumplimiento. Los poderosos se ríen de las pretensiones de tal o cual partido y, están de acuerdo siempre y cuando puedan favorecerse con la obtención de mayor ganancia.[7] • Así que el principio del Estado social en la sociedad de consumidores de mercancías, de defender a la comunidad del “daño colateral” ha funcionado al margen de la atención pública, con pretensiones reparadoras ha servido, para movilizar el poder del mercado, los intentos por contenerlo son cada vez más vanos y menores. • El discurso de los poderosos, que devela su ilusión fantaseosa, ha sido que a los pobres hay que aislarlos del mundo. Como si se estuviera mejor sin ellos. Colocándolos en el lugar de enemigos tangibles, que atentan contra la forma propia de vivir. Eso se consigue adjudicándoles características individuales que los hacen indeseables, flojos, inútiles, vagos, incultos para que en el imaginario se entienda la maravilla que sería la vida sin ellos. Hay otras aproximaciones psicoanalíticas que sostienen que esa amenaza que representan los pobres, son proyecciones de la propia ambivalencia interna de la sociedad y de la angustia nacida de esa ambivalencia, los enemigos que asedian las murallas son sus propios demonios internos. De cualquier forma, esta interpretación analítica también denuncia la ilusión imaginaria de una sociedad sin falla, sin falta, donde se localizan esos otros indeseables para identificarlos como enemigos de la sociedad. • No está por demás mencionar que no estamos hablando de sujetos concretos, sino del conjunto de sujetos que podrían representar al sujeto de principios del siglo XXI y por lo tanto de la imposibilidad de cubrir el objetivo de hablar sobre el sujeto del nuevo siglo, ya que por lo menos existen 7 mil millones de sujetos en el planeta. De cualquier forma, parece que no es inútil para el análisis de los tiempos, que no de los sujetos concretos, que por supuesto escapan a cualquier intento de agrupamiento o significación común. • El siglo XX se conoce como el siglo posmoderno. Poco importa si el sujeto producto de ese siglo, y el de este, es moderno o posmoderno, el sujeto está atravesado desde su origen, son las condiciones las que cambian, las que dan esas características particulares a los sujetos, pero la condición de incompletos está presente desde la aparición del lenguaje, es decir desde la prehistoria, en ese origen perdido. La existencia del sujeto como tal reside en el lenguaje, ya que existir proviene de sistere, “colocar”, “hacer venir”, “consolidad”, “erigir”, y de ex, “desde”, “a causa”, “después de” y es que la ex(sistencia) del sujeto radica en aquello que lo hace venir. Eso es el lenguaje, aquello que hace venir al sujeto. En esta línea de pensamiento es el lenguaje lo que constituye la subjetividad del sujeto. Para el tema que nos ocupa, el lenguaje de los nuevos tiempos, oculta y exhibe al mismo tiempo. Esa red de significantes que hace imposible aprehender el objeto o la mercancía misma, por eso, menciona Žižek es inútil buscar las características positivas, físicas, de ese objeto o mercancía, porque no implica eso desconocido que hace de él la encarnación de ser más rico o más feliz, es, por lo tanto, la contingencia radical de la nominación, el hecho de que nombrar es necesario, pero lo es, por así decirlo, necesariamente después, es decir, retroactivamente. • En este siglo, el sujeto que no esté en condiciones de competir, es desecho, sin embargo, esos desechos, los orilleros, los migrantes, los otros no se resignan a desaparecer se convierten en movimientos coloniales, guerras campesinas, movimientos feministas, movimientos migratorios étnicos y por supuesto los jacqueries urbanos, dice Bartra es decir que la dialéctica, si se quiere llamar así, del mercado, conlleva en sí misma su falta y su manifestación sintomática. Es imposible saber el curso que tendrá la humanidad, puede ser cualquier cosa, eso nos lo ha dicho la historia misma. Aun así, estos movimientos tratan de reivindicar al sujeto, que se niega a ser eliminado, porque a pesar de todo y por la falta misma, el sujeto desea. • El impacto que los fenómenos de los nuevos tiempos ha tenido en la ética, es también contundente. Porque lo que prevalece es la ambivalencia, la imposibilidad de totalidades sobre la moral, ya que cualquier intento de totalización es altamente peligroso, la moralidad como una aporía. Claramente es una aporía ya que lo que es bueno para unos no lo es para todos. Sin embargo no se está por “todo se vale”. El sujeto aun cuando quiera deshacerse de su responsabilidad, no puede. Ésta aparece, se devela a través de los síntomas, con un superyó hiperintenso, diría Freud. La responsabilidad del sujeto es intransferible, no es intercambiable, responsabilidad inagotable porque no podemos estar bien con todos diría Lévinas, hay que asumir, hay que pagar a pesar de los pesares para que se desanude en la medida de lo posible el goce. • El fantasma de completud, de totalidad, la fantasía de construir una sociedad que si existió en “algún momento” siempre es algo que moviliza los deseos. Lo que importa aquí es la creencia que sustenta ese fantasma, porque la creencia está basada necesariamente en la transferencia, la creencia de que el mercado, regulará los bienes o la creencia de que el Estado regulará al mercado, que está por el bien de los sujetos, de que vela por ellos. La fantasía de que en algún momento esos movimientos innovadores o contestatarios llevarán al sujeto a un estado mejor. • Finalmente, cualquiera que sea la presentación de la cultura, no será más que otro signo de su malestar y lo que provoca en el sujeto.